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El resumen del 2025 en el Real Zaragoza: El año que vivimos peligrosamente

El 2025 pasará a la historia por la despedida a la vieja Romareda y por ser uno de los peores años en los más de 90 de existencia de un Real Zaragoza inmerso en la crisis más aguda de su existencia, con el equipo más cerca que nunca de desaparecer del fútbol profesional a pesar de la constante mejoría económica

El resumen del 2025 del Real Zaragoza: el año que vivimos peligrosamente

A. B. L.

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

Se marcha 2025 para alivio de un zaragocismo que ha vivido uno de los peores años de su vida. Acaba incluso peor de lo que comenzó, con la llegada al banquillo, en enero, de Miguel Ángel Ramírez, el elegido por el club para sacar a flote a un equipo en caída libre tras la dimisión de Víctor Fernández y la eventual apuesta, con victoria en su único partido al mando, de David Navarro.

Pero el entrenador canario fue un fiasco, otro más de los numerosos que acumula la entidad en una caótica elección de entrenadores desde que dio con sus huesos en Segunda. Una sola victoria en diez partidos, críticas impertinentes al entorno y sobre todo un nefasto rendimiento abrochado con una indecente despedida (tapado en el aeropuerto para no ser reconocido por la afición a la vuelta del ridículo partido en Granada y escondido en el coche a su salida de la Ciudad Deportiva) le llevaron de cabeza a la calle y, junto a él, a Juan Carlos Cordero, el artífice de su llegada. El director deportivo, elevado a los altares un año y medio antes, salía por la puerta de atrás con una considerable colección de fracasos en su hoja de servicios.

El desgobierno era total en un club que decidió, de forma temeraria, esperar lo que hiciera falta a Txema Indias, el elegido para relevar a Cordero. Cerca de tres meses, hasta final de temporada, estuvo vacante la dirección deportiva con la consiguiente paralización en la planificación de la plantilla o el diseño de la pretemporada. Todo eso se pagaría después. Y bien caro.

Miguel Ángel Ramírez, tapado con la capucha, a la llegada del Zaragoza al aeropuerto ante decenas de aficionados enfadados tras la goleada recibida en Almería.

Miguel Ángel Ramírez, tapado con la capucha, a la llegada del Zaragoza al aeropuerto ante decenas de aficionados enfadados tras la goleada recibida en Almería. / MIGUEL ANGEL GRACIA

El Zaragoza se salvó con muchos apuros. Gabi tomó el mando y asumió plenos poderes con el beneplácito de un club que sacrificó incluso a Liso para satisfacer las pretensiones del Getafe, a cuyo filial dirigía el técnico madrileño. Su personalidad, además de un benévolo calendario y los favores del Eldense salvaron al equipo, que se despedía de La Romareda con una victoria definitiva ante el Deportivo tras la que el capitán, Francho Serrano, anunció su renovación ante una grada envuelta en lágrimas.

Todo empezaba de nuevo. El Zaragoza preparaba el exilio a su nueva casa, el Ibercaja Estadio, mientras La Romareda era derruida por completo. También dentro del club asomaban los escombros. Tarde y mal, la entidad lograba el fichaje de Indias y persuadía a este para que aceptara la continuidad en el cargo de Gabi. La sintonía, así se vendía, era total. Incluso para pregonar a los cuatro vientos que la idea debía ser “ir a por el 0-0 e intentar marcar un gol”, para desagravio a una masa social que fruncía el ceño ante lo que estaba por venir. No se equivocaba.

Gabi, entre el director deportivo Fernando López y el director deportivo Txema Indias, tras hacerse oficial la renovación del técnico.

Gabi, entre el director deportivo Fernando López y el director deportivo Txema Indias, tras hacerse oficial la renovación del técnico. / Jaime Galindo.

La plantilla sufrió una profunda remodelación con cantidad de salidas y de entradas para aumentar a más de 20 los fichajes realizados en 2025 entre el mercado invernal de la campaña anterior y el estival de cara a la 25-26. Las despedidas, 16 en total entre ambos periodos, advertían, de nuevo, de una reestructuración masiva que alumbró un equipo nuevo. Lo peor estaba por venir.

Porque la temporada está siendo una tragedia. Con los peores números de su historia, el Zaragoza firmó un inicio dantesco para situarse a nueve puntos de la salvación. Gabi duró nueve partidos y el club, en la enésima muestra de desconcierto, entregaba el equipo a Emilio Larraz sin aclarar si lo hacía de forma eventual o no. Todo quedaba a expensas de un partido que no pudo salir peor para el buen técnico aragonés, al que su equipo traicionó con dos expulsiones antes del descanso para acabar goleado (0-5) por un recién ascendido: la Cultural Leonesa.

Sellés dirige un entrenamiento del Real Zaragoza.

Sellés dirige un entrenamiento del Real Zaragoza. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Rubén Sellés, un desconocido para la mayoría, fue el elegido. Venía el valenciano de ser despedido en la Segunda división inglesa tras acumular cinco derrotas seguidas. La cuenta aumentó a ocho tras caer en sus tres primeras jornadas al mando del Zaragoza. Pero tras superar un match ball ante el Huesca, el equipo reaccionó para obligar a creer a una afición que llegó a dar a su equipo por muerto.

El Ibercaja Estadio, donde el Real Zaragoza jugará como local esta temporada y la próxima.

El Ibercaja Estadio, donde el Real Zaragoza jugará como local esta temporada y la próxima. / EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

Todo mal en el campo y bien en las cuentas. La historia se repite en una SAD que ha vuelto a reducir su deuda neta por debajo de los 40 millones y ha acometido otra ampliación de capital de 4 millones para situar su capital social en 49, mientras que registra unas pérdidas después de impuestos de 49.603 euros. La deuda, que queda en 39,6, ha bajado en un año un 18,7%. Con Juan Forcén con cada vez más peso y con un nuevo consejero, José Guzmán Pérez-Ayo, como relevo de Emilio Cruz, cuya dimisión fue anunciada en la última junta de accionistas, el club hizo público el día 30 de diciembre que había pagado ya, vía aportación de los accionistas, los 10 millones de euros a la sociedad La Nueva Romareda por la construcción del nuevo estadio, cuyas obras avanzan a buen ritmo. Mientras, el zaragocismo despide otro año envuelto en sudores fríos, con el miedo en el cuerpo y el corazón encogido. Más de lo mismo, se diría. O peor.

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