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La opinión de Sergio Pérez

El Real Zaragoza de los guerrilleros de Rubén Sellés y los jugadores diferenciales que hay que fichar en enero

El Real Zaragoza tiene un amor propio tremendo. Mereció más. Pero faltó efectividad y calidad pura para definir

Kodro remata a portería en la acción que supuso el 1-1 para el Real Zaragoza.

Kodro remata a portería en la acción que supuso el 1-1 para el Real Zaragoza. / JAIME GALINDO

Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

Rubén Sellés tiene un equipo tipo y en esa base de jugadores ha puesto toda su fe. En función de las lesiones, las sanciones o alguna decisión táctica, las menos (por ejemplo, Tasende le ha ganado la partida a Pomares últimamente), introduce los cambios correspondientes. Pero los cimientos que sujetan la estructura son siempre los mismos, con una columna vertebral muy definida: Andrada, Aguirregabiria hasta que cayó en combate, Insua, Radovanovic o Tachi, según disponibilidad, Guti, Keidi Bare, Francho, Valery, Soberón y Kodro.

En ellos cree a pies juntillas. Con ellos edificó el Real Zaragoza que resucitó de entre los muertos con tres victorias y un par de empates y se acercó a cuatro puntos de la zona de la permanencia antes del parón de la Navidad. Tras el primer encuentro de 2026, saldado con una inmerecida derrota por 1-2, la distancia se ha ensanchado a seis. Sellés revitalizó a sus hombres a través de un orden más eficiente y cabal sobre el campo, de que se notara su mano posicionalmente, del crecimiento colectivo e individual y de la competitividad, que se puede traducir en energía, deseo, hambre, ganas y esfuerzo innegociable en pro de una causa común.

Este domingo, el Real Zaragoza volvió a poner todos sus bemoles en el encuentro frente a la UD Las Palmas, un equipo con mucha clase y tremendamente consistente, que concede pocas alegrías a sus rivales, con una habilidad entrenada para que los partidos se jueguen a su gusto y capaz de obtener rendimientos máximos en cualquier escenario. Uno de los candidatos más firmes al ascenso. En ese contexto tan difícil, el equipo aragonés volvió a dar su tope.

En la primera parte, por muchos que fueran los kilómetros recorridos, el Real Zaragoza fue inofensivo con el balón. A simple vista se observó la diferencia de calidad futbolística entre los dos contendientes. En esos 48 minutos, el equipo no disparó ni a portería ni fuera de ella. Es fácil deducir que no marcó. Era imposible. Uno de los pilares de la remontada dirigida por Rubén Sellés, por ahora incompleta, ha sido Andrada. Suyo fue el error que propició el 0-1, marcado por Jesé. La pelota se le coló por debajo del cuerpo. Antes Tasende había abandonado su zona de manera inadecuada y había generado el espacio necesario para el delantero canario.

Sellés ha conseguido que el Real Zaragoza sea siempre competitivo y que nunca se descuelgue de los partidos, por muy feos que se le pongan. Su fortaleza mental también se ha multiplicado. Buena prueba de ello fue la salida al campo de la segunda mitad. El empate llegó pronto, en el minuto 47. Keidi Bare robó un balón, condujo los metros necesarios para tirar la defensa hacia atrás, el balón acabó en Tasende, que la acarició con su bota izquierda para servírsela a Kodro. El bosnio remató de cabeza en el hábitat natural de un delantero centro. A la segunda, con el pie, la metió para dentro.

El ejercicio de amor propio de la segunda mitad de los guerrilleros de Rubén Sellés pudo propiciar alguna alegría mayor si Valery en un disparo cruzado, Kodro en una acción clarísima que pedía el golpeo de primeras, Tasende al empalar un balón o Saidu, que estrelló su remate en el palo, hubieran acertado. Hubo días en los que el Real Zaragoza sacó el máximo rendimiento a sus ocasiones de gol. En Burgos, antes del parón, rascó un punto pero produjo para más. Contra Las Palmas, sucedió lo mismo. Faltó efectividad para decantar el partido a favor. Faltó distinción, calidad pura. Justamente lo que hay que fichar en el mercado de enero.

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