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La opinión de Sergio Pérez

El impacto revolucionario de Rubén Sellés y las discusiones del club sobre su fichaje que cambiaron el destino del Real Zaragoza

Los refuerzos que llegarán este mes deben ser muy importantes, porque la situación sigue siendo crítica, pero el gran argumento para creer en la permanencia es el entrenador

Rubén Sellés, en la banda del estadio de Racing en Santander.

Rubén Sellés, en la banda del estadio de Racing en Santander. / CARLOS GIL-ROIG

Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

Aquella tarde sobresaltada del 18 de octubre el Real Zaragoza le vio todas las orejas al lobo del descenso. Gabi Fernández, el principal error en la planificación deportiva de la SAD de esta temporada, había sido destituido una semana antes por un arsenal de deméritos contraídos durante las nueve primeras jornadas. Emilio Larraz heredó un equipo derruido. Su infortunio fue aparecer en el peor momento, en el peor escenario posible y con todos los elementos en contra. El 0-5 ante la Cultural Leonesa encendió definitivamente los sistemas de emergencia y alertó de que el futuro del Real Zaragoza en el fútbol profesional estaba en serio riesgo.

La probatura con Larraz no salió bien. Inmediatamente, el club se puso manos a la obra para buscar un entrenador al que confiarle la empresa más difícil y arriesgada de estas once temporadas en Segunda División, que ya era decir. El pueblo quería lo que quería porque los recuerdos son el perfume del alma. La SAD no escuchó los susurros del pasado y tomó una decisión muy atrevida de manera independiente, como debía de ser, para bien o para mal.

Se lo contó este diario con anticipación una mañana de domingo. Esa noche, en el asiento del copiloto del coche de Txema Indias, apareció un entrenador joven, con la barba perfilada y desconocido. Rubén Sellés se puso al mando del equipo y delante del desafío más grande que nadie había afrontado en el Real Zaragoza en la historia contemporánea. Su fichaje fue una decisión de empresa, más que de la dirección deportiva del club.

Entre la masa, Sellés levantó numerosas suspicacias. Fue también objeto de burlas. El técnico valenciano venía de no hacerlo bien en el Sheffield United, con una sucesión fea de derrotas encadenadas que acabaron en su destitución, pero tenía un currículum interesante en el pasado en Inglaterra, en el Southampton, el Hull y el Reading, donde había ganado crédito haciendo lo que el Real Zaragoza venía buscando: ser un entrenador acostumbrado a contextos complejos y con éxitos deportivos en ese tipo de situaciones. Un técnico de hoy, no de ayer ni de anteayer, con cualificación para estos tiempos y que tuviera armas para dotar de identidad al equipo. Las discusiones en el seno del club fueron importantes. Al final ganó esta vía.

Su debut en Gijón apuntó maneras a pesar de la derrota. Tardó en sumar buenos resultados, pero resucitó al muerto que era el Real Zaragoza. Últimamente había tenido un bajón en la calidad de los resultados, aunque el nivel del fútbol había crecido de modo visible a simple vista. Sellés había convertido al Zaragoza en un equipo que ganaba, perdía o empataba pero que estaba en disposición de noquear a cualquiera.

Perfectamente pudo derrotar a Las Palmas hace una semana, aunque falló la eficacia. Este sábado, en Santander rompió la banca dando una exhibición en el campo del líder, al que desactivó con un planteamiento táctico extraordinario, con una alineación muy pensada, una elección de futbolistas y posiciones certera, un fabuloso estado físico de todo el grupo, capaz de jugar con ritmo y brío, y un modelo de juego sobre el que ha construido las esperanzas de permanencia, que son totalmente reales. Kenan Kodro vivió su gran día como blanquillo.

Sellés cree que puede salvar al Real Zaragoza con lo que tiene, sin refuerzos en invierno, que los tendrá y bien que le harán. Nunca ha abogado por una revolución. El entrenador ha mejorado a casi todos los jugadores de la plantilla y ha elevado el listón organizativo, posicional, táctico y físico de una manera sorprendente, abriendo las puertas del futuro cuando estaban totalmente cerradas y ridiculizando el pasado. Los fichajes que llegarán este mes deben ser muy importantes, porque la situación sigue siendo crítica, algo que no hay que perder de vista bajo ningún concepto. La gran esperanza para la salvación del Real Zaragoza ya está aquí y tiene nombre y apellido: se llama Rubén Sellés.

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