La mejoría a domicilio con Sellés: El Real Zaragoza encuentra una salida
El equipo aragonés aprende la lección tras caer en Gijón y Granada y suma dos victorias y dos empates en sus cuatro últimos desplazamientos ante duros rivales

Francho besa a una niña tras el partido disputado en Santander el pasado sábado. / Carlos Gil-Roig

El gran triunfo del Real Zaragoza en Santander viene a confirmar la fortaleza que el equipo aragonés ha adquirido lejos de casa, donde se está mostrando mucho más poderoso que como local. De hecho, 12 de los 20 puntos logrados por los aragoneses hasta ahora han sido conquistados a domicilio, los tres últimos en feudo del líder.
Allí, en tierras cántabras, el Zaragoza de Sellés confirmó haber aprendido la lección y que su fisonomía poco se parece a la de hace un par de meses y medio, cuando el técnico valenciano tomó las riendas tras la destitución de Gabi y el paso efímero de Larraz por el banquillo. Las dos primeras salidas (1-0 en Gijón y 3-1 en Granada) mostraron cierta evolución pero idéntica inconsistencia de un equipo que ni pudo contra un rival (Sporting) con un jugador menos durante muchos minutos ni supo gestionar la ventaja adquirida en los primeros compases del choque disputado en Los Cármenes, donde el Granada remontó sin apuros y con demasiada suficiencia el tanto inicial de los aragoneses.
Pero, desde entonces, el Zaragoza es otro cuando sale de viaje. La transformación tiene un origen claro: Ipurua, donde el equipo de Sellés impartió una lección de solvencia similar a la mostrada el sábado en Santander. En un feudo hasta entonces inexpugnable, remontó (1-2) a pesar de jugar durante 80 minutos en inferioridad numérica. La proeza, nunca antes vista desde que el equipo dio con sus huesos en Segunda hace trece años, advertía un cambio, en todo caso, sujeto a confirmación posterior.
Y así fue. La complejidad también marcó las dos siguientes visitas. Málaga y Burgos, dos escuadras potentes en su feudo, serían las encargadas de examinar esa progresión a domicilio de los de Sellés, que arrancaron sendos empates en el descuento. En La Rosaleda, un penalti transformado por Dani Gómez en el minuto 95 recompensó el buen trabajo durante el choque de un cuadro aragonés que volvería a aliarse con el reloj en Burgos, donde también sumó in extremis merced a un tanto de Bakis cuando el partido agonizaba (1-1).
Pero Santander era el más difícil todavía. El sinuoso tramo acababa con la visita al Racing, otro adversario de cuidado que figura entre los claros aspirantes al ascenso. Y también ahí el Zaragoza estuvo a la altura. O más. El 0-3 que señalaba el luminoso a falta de menos de diez minutos para la conclusión reflejaba la superioridad del colista sobre el líder. Esta vez, al contrario que en las tres anteriores, el equipo fue capaz de adelantarse en el marcador, como en Granada, pero, al contrario que entonces, no se echó atrás ni derrochó cobardía. Al contrario. Desde el orden y el trabajo, supo protegerse y crear peligro a la contra, lo que, a pesar del sufrimiento final, le llevó a una victoria que corrobora que ha encontrado la salida.
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