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La opinión de Sergio Pérez

La mejor versión de Rubén Sellés en el Real Zaragoza y el aquí, ahora y ya con Agada y Rober González

Tras los dos empates en casa ante la Real B y el Castellón, el técnico tendrá que volver a repensarse. A los refuerzos los necesitará bien de inmediato

Willy Agada, en su primer entrenamiento con el Real Zaragoza en la Ciudad Deportiva.

Willy Agada, en su primer entrenamiento con el Real Zaragoza en la Ciudad Deportiva. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

En solo ocho días, el Real Zaragoza se ha balanceado de manera muy peligrosa sobre el finísimo alambre por el que camina desde hace meses y que lo mantiene con vida en el fútbol profesional con el abismo de la Primera RFEF debajo de sus pies, amenazando una historia gloriosa de casi cien años. En dos jornadas consecutivas como local, si es que el Ibercaja Estadio puede considerarse un hogar, el equipo aragonés ha estado cerca de precipitarse al vacío.

Ante la Real Sociedad B y el Castellón, el drama ha sobrevolado la ciudad. El Real Zaragoza estuvo cerca de perder los dos partidos. El primero lo salvó gracias a un gol de Paul Akouokou en el minuto 88 después de una mala tarde. Sumó un punto que pareció nada pero que al final fue uno más. Frente al Castellón resistió un vendaval meteorológico y futbolístico del rival durante una primera parte pésima, de lo peor de toda la Liga, y se perpetró en torno a una línea de cinco en la segunda, mejorando tácticamente y reduciendo al contrario, que le llevó hasta el empate. Otro punto más.

En las dos jornadas hubo un denominador común. Rubén Sellés estuvo mal al principio y se enmendó después. Frente al Castellón, el técnico insistió en algo que en casa no le funciona: Toni Moya como extraño mediapunta, Kodro solo arriba, Ale Gomes en el lateral derecho sufriendo lo indecible contra un auténtico león o Valery sin aportar nada en su costado. Como hizo después de aquel 3-1 en Granada, el entrenador valenciano tendrá que repensarse. Tiene nuevas variantes: Rober González es una opción de calidad como segundo delantero por su buen pie izquierdo y Agada le dará más posibilidades, sobre todo potencia y carreras al espacio.

Ese uno más uno le ha permitido al Real Zaragoza no caerse en la clasificación (está a tres puntos de la zona de la permanencia después de la derrota de la Cultural Leonesa en Ceuta) y, sobre todo, no precipitarse por un terraplén de desánimo y depresión colectiva, tanto dentro como fuera del equipo.

El Real Zaragoza transita por el final del mes de enero en unas condiciones límites. Después de aquel extraordinario triunfo en Santander, con el mejor encuentro de la temporada, el equipo ha bajado su nivel como local, tanto en su juego, en el ritmo y en la confianza para sentirse seguro.

De entre lo malo, que es lo mayoritario, hay algo bueno. El Real Zaragoza sigue con vida y con la zona de la permanencia no muy lejos. Ahora afronta los cuatro partidos que definitivamente definirán su futuro: cuatro jornadas ante cuatro rivales directos, en Albacete, en casa contra el Eibar, en León y Andorra.

Tres de esos encuentros serán fuera. A Sellés no le importa, ya lo ha manifestado así en alguna ocasión. Tampoco debería ser una desventaja. Por el perfil de la plantilla y el modelo de juego, el Real Zaragoza puede sentirse mejor lejos de su estadio. Con Rubén Sellés ha sumado ocho puntos en siete partidos en el Ibercaja y los mismos puntos en un encuentro menos como visitante.

El tiempo sigue pasando y el Real Zaragoza no saca la cabeza fuera del descenso. Pero tampoco se ha precipitado al vacío. Rober González y Willy Agada ya están aquí. Sellés necesitará lo mejor de todos, también de las contrataciones de enero, para dar otro salto adelante como el de noviembre. Que los dos estén bien y pronto. Que aporten talento por un lado y fuerza y velocidad, por el otro. Y goles. Y que en este camino la suerte también acompañe.

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