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La opinión de Sergio Pérez

El cielo y el infierno de El Yamiq, los pies torcidos y el Real Zaragoza que se condena a sí mismo

El central marroquí marcó en las dos porterías. Primero, el 1-0. Luego, el 1-1. El Zaragoza debió ganar por número de oportunidades creadas, pero no lo hizo porque volvió a fallarlas todas. Otra vez más

Marcos Cuenca y Tachi festejan con El Yamiq el 1-0 del Real Zaragoza.

Marcos Cuenca y Tachi festejan con El Yamiq el 1-0 del Real Zaragoza. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

El Real Zaragoza que se presentó a jugar contra el Eibar en el Ibercaja Estadio no parecía el Real Zaragoza. Más bien otro equipo, que en realidad lo era por la acumulación de bajas (ocho en total en un momento decisivo de la temporada) y por la concentración de fichajes en el once inicial. Rubén Sellés decidió darle la vuelta por completo a la alineación, en parte forzado por algunas ausencias, en parte motivado por la necesidad de reinventarse después de las últimas tres jornadas, decepcionantes en juego y resultados: empate, empate y derrota, dos puntos de nueve.

Por el once aparecieron El Yamiq, Larios, Mawuli, Cumic y Rober, que ya se había estrenado la pasada jornada dejando destellos de buen pie, toque de clase pero falta de continuidad física y futbolística. El extremo serbio duró poco más de una parte: en una acción desafortunada cayó lesionado. El gol del Real Zaragoza fue producto del mercado de invierno. Un córner botado con mucho tacto por Rober fue cabeceado a la red por El Yamiq, que entró con la fuerza de un huracán, se elevó a los alturas y conectó un misil.

El central marroquí es la gran esperanza del mercado de invierno: tiene compromiso, personalidad y nivel. El día de su redebut vivió las dos caras del fútbol. Después de marcar en el minuto 25, hacer el 1-0 y disfrutar de la gloria, él mismo bajó a los infiernos al introducir el balón en la portería de Andrada con toda la mala fortuna del mundo. En esa acción debió encimar al rival al borde del área con más determinación. Acabó reculando y el intento de despeje finalizó en el 1-1. Luego se autoexpulsó producto de su falta de mesura. Un jugador veterano purgando pecados de juventud. Lo que faltaba.

Sellés había formado con Saidu como pareja del marroquí en el centro de la defensa e incrustó a Tachi en el medio. El ghanés estuvo muy inseguro y provocó varios sustos importantes. Mawuli iniciaba las jugadas desde atrás recogiéndose. También dudó mucho. El Real Zaragoza no tuvo nunca juego continuado pero sí generó acciones de peligro suficientes para haber hecho el 2-0. Sobre todo, con un golpeo de Francho en carrera en el minuto 31 y, por encima del resto, con un disparo de Cuenca al palo después de un robo de Moyano. Otro gran cabezazo de El Yamiq a balón parado lamió el poste. Soberón la tuvo de cara con la portería a su disposición tras un rechace: su tiro golpeó en el arquero rival. Demasiado pie torcido.

Cuatro oportunidades que un equipo en tantos apuros como el Real Zaragoza no se puede permitir fallar, pero que viene errando habitualmente durante toda la temporada. Esa es una de las causas principales por las que no ha salido de la zona de descenso y una de las taras que deberá corregir, nadie sabe cómo, si quiere tener alguna esperanza de salvación. En una Liga tan igualada, la culminación correcta o incorrecta de ese tipo de ocasiones decide las victorias, los empates y las derrotas. Y decide también destinos. Una vez más, el equipo no dominó el área rival. Y, con casi nada, el Eibar le penalizó en la propia. Sentencia asegurada.

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