Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Intolerable Sellés. La contracrónica del Cultural-Real Zaragoza

El técnico, que luce números de despido y viene dando muestras de no ser capaz de revertir una situación de la que no es el máximo responsable, se permite un lujo inadmisible: reprochar a la afición su actitud

Sellés cierra el puño durante el partido en León.

Sellés cierra el puño durante el partido en León. / Carlos Gil-Roig

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

La pregunta es obvia: ¿Qué hay que hacer con Sellés? Una victoria en diez partidos son un motivo de suficiente enjundia como para mandar al paro a cualquier entrenador profesional. Y más aún en la situación crítica en la que se encuentra un Real Zaragoza incapaz de ganar a nadie y que huele cada vez más a Primera RFEF. «Quedan muchas jornadas», dice el técnico como mecanismo de defensa tan manido como el «no somos peores que nadie y podemos competir con cualquiera» al que tanto recurre el valenciano, que, por supuesto, también utilizó ambos argumentos para sostener que el Zaragoza está vivo y coleando.

El caso es que, a pesar de que ese positivismo cada vez suena más impostado, Sellés ha perdido tono, fuerza y fe por mucho que él se esfuerce en negarlo las veces que haga falta. Normal cuando el único ápice de liderazgo que existe en el vestuario lo asume un entrenador sin experiencia, por cierto, en el fútbol profesional español.

Honestamente, la situación del Zaragoza no parece tener remedio, pero este escudo, la historia y el prestigio de uno de los clubs más importantes del país obligan a morir matando, apurar todas las opciones y buscar soluciones mientras todavía quede oxígeno en la bombona. Y es ahí donde viene otro gran problema, el mayor sin duda. Porque este pobre Zaragoza esta huérfano de padre y madre y los que deben tomar decisiones porque para eso cobran (mucho, por cierto) acumulan asteriscos, borrones y fiascos en una hoja de servicios en la que no caben ya más manchas. Desde la presidencia ausente de Jorge Mas hasta la insoportable presencia de Mariano Aguilar pasando por la dirección general, la deportiva, el banquillo y la plantilla. Todos son responsables, en mayor o menor medida, de que el Zaragoza lleve meses oliendo a cadáver.

No es Sellés el máximo responsable de que su equipo no sea capaz de ganar a nadie. Ni de que el gol sea lo más parecido a un ovni. Ni de que numerosos jugadores de esta plantilla no sean capaces de controlar un balón o hacer una entrega a tres metros. No lo es. Pero a estas alturas y en situaciones tan alarmantes, no formar parte de la solución es lo mismo que no ser el problema. Y en esas estamos con Sellés, al que, asegura, el club le sigue mandando un mensaje de «tranquilidad» pero que también es consciente, como él mismo afirmó, de que «si sigo sin ganar me echarán».

Pero lo que es del todo injustificable es que un entrenador que no le gana a nadie recrimine algo a una afición que lleva tragando sapos y culebras durante demasiado tiempo como para que se le pida cualquier otra cosa que no sea perdón. «Es hora de que demos todos un paso adelante», dijo Sellés tras lamentar el «tibio» recibimiento de la grada. Lo que faltaba. Sellés, el mismo que insiste en poner mediocentros como mediapuntas para paliar la desesperante falta de gol de este Zaragoza infame, no está para dar lecciones de nada a un zaragocismo que, por cierto, nunca le ha reprochado nada. Es más, él era, hasta hace poco, la única esperanza. Ahora, la acumulación de despropósitos conduce al técnico por idéntico camino al que llevan recorriendo decenas de entrenadores de talla mucho menor que la de un Zaragoza al que todos se empeñan en hacer cada vez más pequeño. Menos su gente, señor Sellés.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents