La opinión de Sergio Pérez
El clavo ardiendo del talento de Rober González y Larios y el síntoma de todos los males del Real Zaragoza
Rober y Larios aportarán un plus de nivel técnico para imaginar acciones inimaginables hasta ahora

Rober González hace un recorte a Arbilla durante el partido del Real Zaragoza ante el Eibar. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Que un equipo haya sumado 24 puntos en 26 jornadas, promedie menos de un gol por partido, lleve anclado en posiciones de descenso desde casi el principio de la temporada y haya ganado un encuentro de los últimos diez quiere decir muchas cosas, pero fundamentalmente que tiene numerosos problemas. Ni uno ni dos, muchos. Entre tantos hay uno que actúa como efecto dominó sobre el resto: la falta de calidad de la plantilla. Y, a la vez, se comporta como freno a los reiterados intentos de recuperación. El equipo va, lo busca, pero no le alcanza.
En el último mercado de invierno, Txema Indias volvió a realizar el grueso de su revolución en las últimas horas de la ventana, condicionado por la lentitud de su propia praxis profesional, por la pésima clasificación del equipo y por una montaña de condicionantes económicos que hacían imposible el tipo de acuerdos que el director deportivo buscaba hasta que estuviera a punto de oírse el sonido de la bocina. Si el plan hubiera ido por otros sitios, con otros perfiles, otra cosa hubiese podido ser.
El primer futbolista que Indias firmó en enero fue Rober González, un centrocampista ofensivo muy fino y con una zurda con clase de nacimiento. Su aparición, lleva tres partidos en sus botas, ha servido para poner al Real Zaragoza frente al espejo de sus propias carencias: la cualificación técnica del andaluz está visiblemente por encima de la plantilla, cuyo nivel queda en una manifiesta evidencia cuando se le compara con un jugador de otros vuelos.

Acción de presión de Rober González frente a la Cultural Leonesa. / CARLOS GIL-ROIG
La presencia de Rober ayudará a elevar las gotas de talento que Rubén Sellés pueda meter en el campo y, con ellas, las posibilidades de que sucedan cosas nacidas de la creatividad, la imaginación, la precisión y la clarividencia natural del andaluz. El centrocampista debutó en Albacete y, con poco, ya demostró que pertenece a un escalón superior al de sus compañeros. En León, las mejores acciones ofensivas del Real Zaragoza nacieron de su agilidad mental, de su buen tacto y de su visión.
La más bonita fue aquella que dibujó con un centro curvado hacia dentro que remató Cuenca con un precioso cabezazo llegando como un jabato al centro del área, pero que Edgar Badía desbarató con la parada de la tarde junto a la del penalti de Andrada a Rubén Sobrino.
No fue la única, hubo más. Rober y Juan Larios fueron lo más destacado del equipo, además del arquero argentino. A los dos les unen sus condiciones técnicas y sus zurdas. Tienen dos pies que para sí los quisieran casi todos sus compañeros. El lateral le dará vuelo bajo por su banda al equipo, con verticalidad y conducciones. Nadie discute ya su titularidad.
El Real Zaragoza sigue en una situación crítica, a cinco puntos de la zona de la permanencia con ya solo 16 jornadas por delante y 48 puntos por repartir. A pesar de haber hecho casi seis meses de campeonato lamentables, todavía está a tiempo de lograr el milagro. Con toda seguridad, Rober y Larios aportarán un plus de nivel técnico para imaginar acciones inimaginables hasta ahora.