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La opinión de Sergio Pérez

Los cuatro años desastrosos de Real Z LLC en el Zaragoza y la temporada que removerá los cimientos del club

La actual propiedad no ha sabido encontrar la estabilidad ni construir un proyecto creíble. La sucesión de malas elecciones deportivas ha sido terrible. Hasta llegar a este punto

Txema Indias responde una pregunta durante una comparecencia de prensa.

Txema Indias responde una pregunta durante una comparecencia de prensa. / PABLO IBÁÑEZ

Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

En la Junta General de Accionistas del pasado 23 de diciembre, el Real Zaragoza amplió su capital por quinta vez desde la llegada de los actuales propietarios a la ciudad. Fue de nuevo por compensación de créditos, pero esta vez a través de un préstamo de poco más de 4 millones de euros de una sociedad vinculada a Juan Forcén, cuya figura ha ido ganando peso de manera creciente en la SAD en los últimos tiempos. Desde hace unos meses, el consejero aragonés ha abandonado el segundo plano para dejarse ver en primera fila en las fotografías importantes. Nada es casualidad.

De este modo, la SAD ronda ya los 50 millones de capital social cuando a su llegada estaba en 6,36. La sociedad propietaria del club, Real Z LLC, en la que participa un conglomerado de otras pequeñas sociedades que tienen detrás a varios empresarios nacionales e internacionales, ha aportado alrededor de 56 millones desde su aterrizaje con la operación de compra y las maniobras posteriores. La deuda neta ha ido disminuyendo y está por debajo de 40 millones por primera vez.

Es decir, la operación económica que ha abanderado Real Z LLC ha tenido unas dimensiones extraordinarias y exitosas. El saneamiento del club ha ido dando pasos de gigante en la dirección correcta. Sin embargo, y de manera paradójica, o no, la situación deportiva del Real Zaragoza ha sido calamitosa desde el primer día con la actual propiedad. El club no ha encontrado nunca el rumbo adecuado y actualmente atraviesa por la coyuntura más crítica de su historia, con la amenaza de descenso a Primera RFEF cada vez más presente.

A este punto se ha llegado porque Real Z LLC no ha sabido nunca entender dónde estaba. Cegado por el principal objetivo que fraguó su llegada a la ciudad, un gran negocio que todavía está en construcción, y por su indudable potencia económica, el grupo inversor creyó que las cosas acabarían pasando en el césped porque sí, porque tenían que pasar y era natural que así sucediera por el desembolso tan importante realizado año a año.

Sin embargo, el dinero no siempre da la felicidad. Mal invertido hasta puede llegar a quitártela. Eso es lo que le ha ocurrido al Real Zaragoza, que encadena malas elecciones deportivas a todos los niveles desde 2022: en el gobierno de la sociedad, con los directores deportivos, los entrenadores y los jugadores. En cuatro años, la SAD ha tirado todo su capital financiero a la basura. El de este año es un ejemplo manifiesto: el mayor límite salarial de estas trece campañas en Segunda dilapidado por la mala praxis de Txema Indias.

Real Z LLC tampoco ha sabido encontrar la estabilidad, aunque era su gran objetivo. Ni un proyecto duradero y creíble. Ni identidad alguna, acaso ha porfiado para terminar de perderla. Solo ha habido cambios de rumbo y vaivenes continuos. También demasiadas prisas, que siempre son malas consejeras. Fallos enlazados e incapacidad para salir de esa espiral. La distancia entre la propiedad y el zaragocismo se ha ensanchado hasta límites increíbles, a pesar de los ilimitados ejercicios de fe del aficionado.

La falta de raigambre aragonesa del club ha sido un lastre evidente. La elección de un presidente ausente se ha demostrado un gran error. Y la mudanza al Ibercaja Estadio, la puntilla. El equipo se ha quedado sin una parte importante de su alma. La pérdida de capital ha sido continua en la cantera. Hoy es una fuente de problemas y su cadena de mando está en demolición después de que el club vendiera o no fuera capaz de retener a los mejores talentos.

La sucesión de errores deportivos e identitarios ha ido encadenándose a lo largo de cuatro temporadas, uno sobre otro y sin soluciones firmes por el camino. Acaso más errores sobre los errores anteriores. Nada de ello tiene ya vuelta atrás. Sí tendrá consecuencias en el futuro: una temporada así siempre remueve los cimientos de un club en sus algunas de sus estructuras principales. Eso también llegará. De momento, ahora solo importa salvar al Real Zaragoza de una catástrofe de dimensiones desconocidas.

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