La opinión de Sergio Pérez
La incomparecencia perpetua de Jorge Mas y la historia del Real Zaragoza en juego
La ausencia del máximo responsable del club todavía llama más la atención en la situación crítica actual

Jorge Mas responde a las preguntas de los medios en una de sus visitas a Zaragoza. / JAIME GALINDO

En la primavera de 2022, el Real Zaragoza vivió el último cambio de propiedad de su historia. Por primera vez, la SAD contaba con varios empresarios extranjeros ocupando una parte importante de su accionariado. A la cabeza del club se puso Jorge Mas, multimillonario estadounidense con raíces cubanas afincado en Miami y propietario del equipo de esa ciudad en la MLS. Una figura mundialmente conocida y de indudable prestigio.
En el grupo de inversión permaneció Juan Forcén como herencia de la propiedad anterior y único representante aragonés. Fue la persona que unió al resto y el que actuó como elemento aglutinador. Los nuevos dueños del Real Zaragoza fueron recibidos al estilo de ‘Bienvenido, Mister Marshall’, con algunas de las mejores alfombras de la ciudad desplegadas a su paso. Entonces, su llegada fue utilizada en otras esferas. Entonces.
En el horizonte, dos objetivos perfectamente definidos: volver a llevar al equipo aragonés a Primera División y la construcción de la Nueva Romareda para 2027, el caramelo que dulcificó la operación y la hizo posible. En su primera aparición en la ciudad, Jorge Mas verbalizó sus objetivos y los de sus compañeros de viaje del siguiente modo: "El ascenso es la prioridad del grupo. Sin duda, el Real Zaragoza es el que más historia y peso tiene (entre el Lens, Pádova, Millonarios o el propio Inter Miami). Este club es una joya y tiene que volver a jugar partidos al máximo nivel, incluso en Europa”.
El nuevo presidente también se refirió a la importancia de la cantera (solo hay que ver qué ha sucedido con ella en estos cuatro años y medio: venta de los mejores activos y fuga de talentos) y a otras cosas varias que acabaron en el baúl de las promesas que nunca se cumplieron. Por allí andaban Gustavo Serpa, Raúl Sanllehí y Miguel Torrecilla. No han pasado ni cuatro años. El fútbol cambia a una velocidad de vértigo. Desde entonces hasta ahora, Mas ha aparecido por la ciudad en varias ocasiones, cada vez más espaciadas. Tomó por costumbre presentarse en la Junta General de Accionistas de diciembre hasta que perdió ese hábito la última vez.
Al paso por febrero de 2026, el Real Zaragoza se está jugando no escribir el capítulo más deshonroso de sus cerca de cien años de historia. Ocupa posición de descenso a Primera RFEF desde hace meses y su futuro en el fútbol profesional está en riesgo. En esa coyuntura tan compleja, la ausencia sobre el terreno del presidente del club clama al cielo. Es una anomalía histórica y por la que se paga un carísimo peaje. No es entendible ni cuando se ha normalizado una situación absolutamente insólita.
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