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La contracrónica del Cádiz-Zaragoza. Pinilla y el gran valor de un espejo

El inmenso corazón del canterano, titular en la semana en la que perdió a su madre, fue el mejor reflejo de este Zaragoza que bajo la batuta de David Navarro gritó a los cuatro vientos que estaba vivo. Pinilla, titular por primera vez en Liga, ofreció su fútbol y su talento, pero sobre todo fue referencia anímica para el equipo

Kodro, autor del gol, levanta a Pinilla tras marcar.

Kodro, autor del gol, levanta a Pinilla tras marcar. / CARLOS GIL-ROIG

Santiago Valero

Santiago Valero

Dijo David Navarro en la previa del partido del Real Zaragoza en Cádiz que había que jugarlo con el corazón y en su once incluyó al futbolista que más iba a hacerlo, a Hugo Pinilla, derroche de profesionalidad y amor a unos colores en la semana que enterró a su madre, a Cristina, fallecida el pasado domingo, y en la que vio desde el once de inicio revivir a un Zaragoza que parecía ya destinado a un final terrible y al que David Navarro le dio otro aire para gritar a los cuatro vientos que hay esperanza para este equipo, que se puede salir de un descenso que parecía cantado con el terrible devenir de la temporada .

Pinilla fue titular por primera vez en esta Liga (lo fue en Copa en los dos partidos) en la semana más dura que pudo imaginar y en la que el fútbol le ofreció esa rendija, esa válvula de escape para sacar fuerzas de flaqueza cuando la vida te golpea de esa manera por lo que supone perder a una madre a la que estaba tan unido. Ese espíritu, de Hugo, su corazón, fue, en ese sentido, el reflejo, el espejo y la bandera de un equipo que necesitaba sentir que podía cambiar el devenir que parecía inevitable y que ahora parece ya más evitable gracias a una victoria que es vida pura para este Zaragoza que se hundía de forma irremediable hacia Primera RFEF y que ha empezado a girar su rumbo con este triunfo en el que David Navarro supo tocar las teclas, en lo táctico y más en lo anímico, lo que ya desde hace mucas semanas era Sellés incapaz de hacer.

No iba a ser titular Pinilla en Cádiz, porque para ese puesto apuntó durante toda la semana Valery, que finalmente se quedó en tierra y a ese tren sí quiso subirse el mediapunta de la cantera, con sus 19 años y con una semana en la que las lágrimas le acompañaron a Hugo en no pocos momentos de sus entrenamientos. Quiso entrenar todos los días, salvo el miércoles, cuando fue el funeral para que el jueves, cuando hubo que levantar el brazo, Pinilla dijo alto y claro que estaba dispuesto, que quería estar para lo que el míster decidiese. Y la valentía de David Navarro decidió que su sitio estaba en el once, acostado en la banda izquierda, aunque entrando hacia dentro, buscando que su talento generase, al margen de la superioridad por el medio, algún pasee hacia Kodro o Dani Gómez, alguna luz en la inmensidad de este terrible túnel en el que el Zaragoza llegó a Cádiz.

De hecho, un buen desmarque de Pinilla al pase de Rober que cortó Kodro bien pudo haber cambiado el devenir del pleito, pero Pinilla, ayudando siempre a Larios, que sufría mucho con Cordero o las caídas a banda de Suso, mejoró varias jugadas con ese primer toque que le distingue y sobre todo pudo ser aún más protagonista en una magnífica acción a pase de Rober en la que se giró y dio un pase sin mirar a Francho, pero el remate del capitán fue demasiado flojo para que David Gil lo despejara.

Pudo ser el segundo antes del descanso y después del intermedio Pinilla ya solo estuvo ocho minutos más sobre el césped, ya que fue relevado en el 53 por Tasende para jugar en la parte izquierda con un doble lateral junto a Larios, pero el espíritu del canterano siguió más que latente para este Zaragoza que quiso mandar un grito de vida, de corazón, en Cádiz y en el que Pinilla fue el espejo más evidente. El fútbol le dará o no la permanencia a este Zaragoza hundido, pero la clave para hacerlo estará en este corazón que late, con el de Pinilla como espejo.

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