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Miguel Linares, exjugador del Real Zaragoza: “Sé por lo que está pasando Pinilla, te sientes culpable hasta de sonreír”

La desgracia une, con 22 años de diferencia, a los dos aragoneses, que, a pesar de perder a un padre días antes de un partido, pidieron a David Navarro que contara con ellos: “Maduras de golpe”, afirma el exdelantero

Hugo Pinilla saluda a Néstor Pérez, segundo entrenador del Zaragoza, tras ser cambiado en Cádiz. A la derecha, Miguel Linares.

Hugo Pinilla saluda a Néstor Pérez, segundo entrenador del Zaragoza, tras ser cambiado en Cádiz. A la derecha, Miguel Linares. / CARLOS GIL-ROIG

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

La semana pasada se recordará por una victoria que mantiene con vida a un Real Zaragoza en cuidados intensivos. El triunfo en Cádiz devuelve cierta dosis de esperanza a una afición que se aferra a la fe en los suyos, los de casa, los de siempre. Entre ellos, un entrenador que tuvo el arrojo de incluir en el once inicial a un chico de 19 años, Hugo Pinilla, que acababa de enterrar horas antes a su madre.

No era, en todo caso, la primera vez que Navarro se veía en una tesitura así. Hace 22 años, como el propio entrenador recordó en la rueda de prensa previa al partido en tierras gaditanas, sucedió lo mismo con otro futbolista aragonés, Miguel Linares, que a los 21 perdió a su padre de forma repentina un par de días antes de un partido decisivo con el Utebo, dirigido por el actual técnico del Real Zaragoza y en el que el delantero era la gran referencia ofensiva. “Recuerdo que ya tenía la mochila en el coche para ir a entrenar y me llamó mi madre. Le habían telefoneado desde el trabajo de mi padre para decirle que estaba mal pero que no se podía poner.Te temes lo peor y así fue. Murió de un infarto a los 59 años. Era viernes y yo no hablé con nadie. Fue mi novia la que se lo dijo a David, pero yo lo llamé a las 12 de la noche para pedirle que contara conmigo”, recuerda Linares, que no dudó. “Tenía claro que mi padre no me perdonaría que no jugara cuando ya no se podía hacer nada. Como a Hugo, todos mis compañeros me acompañaron en el funeral, son momentos muy duros que te hacen madurar de golpe”.

Linares aguantó algo más de una hora en el campo aquel partido. Era la vuelta del playoff de ascenso ante el Velarde, que había marcado, lo que igualaba la eliminatoria tras el 1-2 logrado por los zaragozanos en la ida. Pero Linares, que anotó más de 30 goles ese curso, firmó el empate con esa cabeza en la que la figura de su padre se mantuvo durante todo el choque. “El fútbol me regaló ese momento para dedicárselo a toda mi familia que estaba en la grada. Recuerdo que David me dijo antes del partido que sabía que Linares iba a responder pero que le preocupaba más Miguel, la persona, que es lo único que le interesaba, y si estaba listo para jugar”.

Por eso, a Linares se le vinieron a la mente todos aquellos recuerdos cuando Pinilla pasó por lo mismo la semana pasada. “Son momentos muy complicados en los que te haces muchas preguntas que no tienen respuesta y te sientes culpable de todo, incluso de sonreír porque no te perdonas hacerlo cuando acabas de perder a una de las personas que más quieres. Sientes un vacío que te acompañará el resto de tu vida porque no hay un solo día que no recuerde a mis padres” (su madre fallecería años después, cuando militaba en el Recreativo tras, como en el caso de Pinilla, varios días en el hospital). De hecho, el exdelantero pasó a jugar siempre, en memoria y homenaje a sus padres, con una muñequera negra que en Oviedo se convirtió en todo un símbolo incluso hasta el punto de comercializarse.

“Aprendes a vivir con ello y aceptas que la vida sigue”, resume Linares, que valora el poder “analgésico” del fútbol a la hora de aliviar en la medida de lo posible el dolor. “A Hugo le habrá llegado el cariño por todos los lados: de su gente, de los compañeros o de la afición. Y ese cariño te ayuda a llevarlo mejor y a no sentirte solo”, destaca el exjugador, que subraya la “profesionalidad e integridad” exhibidas por Pinilla durante todo el proceso culminado con el fallecimiento, hace nueve días, de su madre. “Seguro que estará orgullosa de él”, asevera el aragonés, convencido de las similitudes entre la conversación que mantendría Navarro con él antes del partido y la de aquella de hace 22 años, “Hablaría con él y buscaría la parte positiva de ese grado extra de motivación, tanto de Hugo como del resto de la plantilla tras ese duro momento. Era un momento complicado y el equipo necesitaba ese plus”.

Y es que Linares, que jugó una campaña y media (la mitad de la 18-19 y la 19-20 entera) en el Zaragoza, ensalza la figura del que fue su entrenador, al que considera capacitado para obrar el milagro. “Tras el partido en Andorra le dije a mi entorno más cercano que, si había alguna solución, esta pasaba por poner a David porque tiene fútbol y también ese otro fútbol y ese hambre del que quiere hacerse un hueco en el fútbol profesional. Es su momento y estoy seguro de que lo va a sacar adelante”, afirma. “David no se arruga, tiene las cosas muy claras y ya dejó claro que esto es un tren en marcha que no espera a nadie. En Cádiz ya se vio un equipo más trabajado defensivamente y tiene margen y el tiempo que antes no le dieron”.

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