La opinión de Sergio Pérez
La primera huella de David Navarro en el Real Zaragoza y una segunda vuelta de tuerca magistral
El entrenador logró un cambio radical en el equipo, haciendo creer a sus jugadores en la salvación. El último tropiezo ante el Mirandés complica el objetivo. Navarro ha dado mucho, pero su equipo aún necesitará más

David Navarro, en la banda del Ibercaja Estadio este pasado domingo frente al Mirandés. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Con el agua del descenso al cuello, ocho puntos hasta la orilla de la permanencia, David Navarro heredó el Real Zaragoza en una situación catastrófica desde todos los puntos de vista: casi dos meses sin ganar, una terrible crisis deportiva y de confianza y un clima social en llamas. El entrenador aragonés hizo su debut en Cádiz. Si había un lugar y un momento en el que podía comenzar lo que luego comenzó era ese. No había otro.
Navarro interpretó muy bien la oportunidad, la suya y la que la profundísima depresión ajena le ofrecía. En su debut en el Nuevo Mirandilla, el técnico aplicó la lógica para ordenar a su equipo, jugó con dos delanteros, introdujo el factor Pinilla, intentó provocar una catarsis de fe en su plantilla y, sobre todo, trató de esconder los miedos propios y de manejar el pánico del rival, que era importante. Con poca posesión, mucha eficacia y gestionando bien las emociones, Navarro explotó con acierto la coyuntura que se había encontrado: el momento era todavía más crítico para el Cádiz. Era el día, el lugar y el enemigo para poder iniciar una limpieza del alma.
La victoria ante el conjunto andaluz fue la que luego abrió la puerta a la lograda frente al Almería, la segunda ficha de este dominó de la resurrección bruscamente interrumpida contra el Mirandés. Con una estructura de juego similar, sin la pelota pero con el concepto claro, qué hacer, cómo y cuándo, jugando con la máxima actitud contra un oponente displicente, el Real Zaragoza abrió todavía más los ojos con aquel convincente 2-0 en el Ibercaja Estadio, tantos preciosos de Rober y Dani Gómez, la dupla del último mes. La reconciliación con el zaragocismo fue absoluta.

La afición del Real Zaragoza alienta al equipo en el Ibercaja Estadio. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA
Como lo que funciona no se toca, más allá de los cambios obligados, David Navarro incidió en su idea en Riazor hasta que la cambió en el descanso a pesar del 1-1. Algo no iba bien si el triunfo era el objetivo. La intervención del entrenador en la segunda parte mejoró a su equipo. Entró Saidu en el medio y ya no se ha movido de allí. La derrota fue inmerecida. Como lo que había detrás era algo consistente y un plan creíble no tuvo efectos negativos en la siguiente jornada, la del Racing.
Victoria por 2-0, sólida, con Rober haciendo diabluras entre líneas, Dani Gómez de nuevo acertado ante el gol y sin apenas conceder nada, con mucha fortaleza colectiva y dándole poca importancia a la posesión y mucha a hincar el diente en los momentos importantes. Seguridad atrás, colmillo delante. Regresó El Yamiq, por supuesto una buena noticia.
El triunfo contra el líder, unido a los conseguidos en Cádiz y frente al Almería, disparó la confianza del equipo en sí mismo y su seguridad. De Leganés regresó solo con un punto aunque mereció los tres por el altísimo caudal ofensivo que produjo: 22 disparos, nueve a puerta. Las bajas de Aguirregabiria, Francho y Pinilla fueron reemplazadas con acierto por Juan Sebastián, Marcos Cuenca y Sebas Moyano. El lateral firmó 45 grandes minutos, Cuenca protagonizó una acción extraordinaria, sombrero con la espuela, en el 1-1 y Moyano la empujó a gol.
Que el Real Zaragoza no acusara tres bajas tan sensibles dio una idea de cómo había crecido el grupo y de cuánto de importante son las dinámicas en el deporte. El fútbol es un estado de ánimo. A favor de la corriente, los cambios encajan a la perfección. En contra, la maquinaria siempre chirría.
David Navarro ha multiplicado la calidad del nivel de juego del Real Zaragoza sin darle prioridad al porcentaje de la posesión, poniendo el acento en hacer daño e intimidar al tener la pelota. Sustentó el inicio de la resurrección en dos variables: la seguridad colectiva a través de una gran predisposición ante el trabajo, que se tradujo en dos goles en contra en cinco partidos, y en un ratio de eficacia realmente alto. Y en una tercera: ha generado el ecosistema para que las piezas encajen y los hombres de mayor talento encuentren el espacio para brillar y decidir, como Rober o Dani Gómez. El resto de futbolistas también han encontrado, unos más, otros menos, el anillo que encajaba en sus dedos.
Desde el inicio, Navarro separó el grano de la paja, eligió a los mejores y los colocó correctamente, variando su idea de manera solo tangencial. Además, recuperó la autoestima de su plantilla en un tiempo récord hasta transformar por completo al Real Zaragoza de un equipo que no ganaba a nadie a un equipo que cree que se puede salvar. El 1-2 del pasado domingo fue un golpe muy duro. No debe haber otro objetivo para esta semana que la plantilla siga pensando que es posible a pesar del dolorosísimo bofetón contra el Mirandés. En seis jornadas, el técnico ha dejado una primera huella. Ha valido la pena aunque no ha sido suficiente. Ahora necesitará una segunda: emocional, anímica, futbolística y con la fortuna como aliada. Una segunda vuelta de tuerca que ha de ser magistral. El desafío más grande de su vida.
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