El Real Zaragoza mancha el pañal. La crónica del Córdoba-Real Zaragoza (1-0)
El equipo aragonés vuelve a su peor versión para poner pie y medio en Primera RFEF tras una derrota tan justa como dolorosa en Córdoba

A. J. González / Diario Córdoba

Solo las matemáticas sujetan ya, y poco, a un Real Zaragoza desprovisto ya de ese efecto Navarro que rescató al equipo y a su afición de una muerte segura. La derrota en Córdoba, justa y merecida, tiene un impacto devastador al acercar aún más al equipo aragonés a un abismo al que, honestamente, se ha hecho acreedor durante todo este maldito curso.
A este pírrico y nefasto Zaragoza las reacciones le duran demasiado poco. Va tan escaso de calidad que cualquier remedio es efímero y más como consecuencia de inyecciones anímicas que de otra cosa. Ya se vio venir el desastre el pasado domingo, cuando casi todo lo que había exhibido el equipo desde la llegada de David Navarro se esfumó. Pero esta vez fue peor, mucho peor. Si algo tenía el Zaragoza de David era cordura. El sentido común había presidido la resurrección de un equipo en el que, al fin, todos jugaban en su sitio y en el que los experimentos se hacían, de una vez, con gaseosa. Eso y la valentía que había derrochado un técnico consciente de que el corsé estaba llevando al equipo a la asfixia. En Córdoba, en cambio, el Zaragoza se concibió sin apenas sentido común y aún menos valentía.
Sus primeros veinte minutos no estuvieron lejos de la peor época de Gabi o Sellés. Con Larios perdido por delante de Tasende y Moya sin pegar un esprint, el Zaragoza fue un pelele a manos de un Córdoba que solo se encontró con la resistencia de Andrada, que antes del primer cuarto de hora ya había evitado dos tantos. El primero, al desbaratar un centro con veneno de Carracedo y el segundo al sacar una mano prodigiosa a un gran disparo de Goti.
El partido era de los locales ante un Zaragoza sin ideas al que el balón le duraba un suspiro y que se hacía acreedor a la derrota. Y pasó lo que tenía que pasar. Aguirregabiria concedió a Kevin todo el espacio del mundo para que el extremo conectara un certero disparo ajustado que superó a Andrada, pero el VAR salió al rescate para anular el tanto por un fuera de juego milimétrico de esos que cabrean de lo lindo al perjudicado y ejercen de efecto revitalizador al beneficiado.
Mejoró algo, poco, el Zaragoza tras la divina intervención desde la sala VOR . Dani Gómez mandó a las nubes un envío que dejó pasar Moya, que poco después ejecutó una falta directa que se estrelló en Iker.
Sin embargo, la reacción zaragocista fue efímera. Adri Fuentes, un futbolista tremendo, estuvo a punto de sorprender a Andrada, el mejor de su equipo en la peor primera parte desde que llegó Navarro, errático en el planteamiento inicial y posteriormente en la gestión del choque.
Se esfuma el ‘efecto Navarro’, en su gestión más desacertada desde que llegó
Ya sorprendió que el técnico no moviera nada al descanso. Hasta ahora, David siempre había leído los partidos a la perfección y sus decisiones habían estado presididas por la coherencia y el sentido común. Esta vez, el entrenador, quizá contagiado por la lamentable actuación de sus futbolistas, falló con estrépito en la lectura de un encuentro que pedía a gritos su intervención mucho antes del minuto 69, cuando hizo el primer cambio.
Y, sin embargo, el partido mantenía su condescendencia con un Zaragoza sin presencia ofensiva y que seguía con el pañal puesto. Adri Fuentes fallaba un mano a mano claro y Vilarrasa tiraba fuera para advertir al banquillo visitante de la necesidad de actuar de inmediato. Sin noticias de los aragoneses en ataque y con numerosos jugadores con la lengua fuera, David, sin embargo, solo tiró de Pinilla.
Apenas un minuto después, el Córdoba aprovechó el enésimo despiste de Andrada y Aguirregabiria a balón parado para marcar el tanto que, a la postre, le daría el triunfo. Alves burló al defensa y al portero para acabar con un Zaragoza al que le delataba el entregado rostro de sus futbolistas.
La reacción no llegaba. Ni en el campo ni desde el banquillo, donde Navarro, como ya hiciera ante el Mirandés, esperaba no se sabe bien a qué. Al fin, en el minuto 77, recurrió a la doble punta con la entrada de Kodro. También salió Cumic, aunque su entrada se notó para mal. Al Zaragoza, agotado en toda la extensión de la palabra, le quedaban dos cambios que no llegarían hasta el 88. Demasiado tarde.
Poco antes, Alves marcó de nuevo en otra jugada de estrategia casi calcada a la anterior, pero, de nuevo, el VAR concedía una oportunidad más, la última, a un Zaragoza que ni se acercó al gol. Sí lo hizo Dalisson, que estrelló su tiro en el larguero. El Zaragoza retro fue el de casi siempre.
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