La inadmisible falta de actitud del Real Zaragoza: pecado mortal
La carencia en Córdoba, donde el Zaragoza se jugaba la vida, de rasmia, energía y agresividad, denunciada por el técnico y admitida por el capitán, ya fue criticada en su día por Sellés

El Yamiq levanta los brazos durante el partido en Córdoba. / LALIGA

A estas alturas y con la que está cayendo, con pie y medio en Primera RFEF, resulta inconcebible que un equipo profesional carezca de la actitud necesaria e indispensable para luchar por su vida. Pues el Real Zaragoza, al que las entradas en razón le duran lo mismo que las buenas rachas, volvió a adolecer en Córdoba de esa intensidad, energía y coraje necesarios para abordar cualquier intento de obrar una proeza envuelta ya en carácter quimérico tras la deshonrosa derrota en tierras andaluzas.
No es la primera vez, en todo caso, que esa ausencia de la actitud necesaria destroza al Zaragoza y al zaragocismo. De hecho, viene siendo una constante a lo largo de la peor temporada en la historia del club, que marcha de cabeza hacia un abismo ganado a pulso.
El discurso del mea culpa y no puede volverse a repetir que pregonó Toni Moya al término del duelo en Córdoba no hace sino hurgar en la herida. Y es que no es de recibo que un equipo supuestamente profesional afronte un partido decisivo con los brazos caídos y la cabeza gacha. “En el tema de la actitud desde el primer minuto ya lo sabíamos, lo habíamos hablado y no se puede repetir. ¡ Habíamos hablado de que teníamos que salir enchufados desde el primer minuto y no se ha dado el caso y hemos ido a contracorriente todo el encuentro. Hemos tenido algún momento mejor, pero no se ha hecho el partido que teníamos que venir a hacer desde el principio", reconoció Moya, capitán del Zaragoza en declaraciones a Aragón TV en Córdoba.
Esa ausencia de rasmia ya había sido denunciada por David Navarro, que tampoco estuvo fino en la gestión del encuentro. “Hemos perdido merecidamente. Han sido superiores en cosas que no tienen que ser. Los que se jugaban la vida éramos nosotros, y no lo hemos plasmado. Puedes estar mejor o peor, tener más o menos bajas, acertar o no en el planteamiento, pero no hacer faltas en campo rival, no ir a cada balón como si te jugaras la vida... Eso también es actitud. La actitud no es solo correr, y ahí hemos fallado. Han sido mejores que nosotros y por eso el enfado. Eso no puede pasar”, clamó el técnico aragonés. A cuatro puntos de la salvación y solo 21 puntos en juego, el Zaragoza careció, de nuevo, de la actitud necesaria.
El pecado mortal, dicho está, no es nuevo. En realidad, se viene repitiendo durante todo el curso y no solo en los partidos sino también en los entrenamientos y en la conducta de determinados futbolistas a los que luego se les ha dejado fuera de las convocatorias. Pero solo ha sido denunciado por el entrenador de turno cuando ha sido tan flagrante como el pasado sábado. O en Albacete, donde Sellés alzó la voz. “No podemos salir como víctimas y a ver qué hace el rival. Esto no representa al Real Zaragoza. Si competimos como hemos competido hoy, no vamos a salvarnos. Desde mi posición es mi responsabilidad, pero no podemos no mostrar lo que queremos ser y esa competitividad que tiene que ser nuestra seña. Espero que esto sirva como toque de atención para saber que así no podemos continuar", dijo el valenciano, que enfilaba la recta final de su camino al frente del Zaragoza.
Pero la proclama de poco sirvió. Solo el relevo en el banquillo provocó ese efecto reanimador para una plantilla que parecía dar motivos para volver a creer gracias a la llegada de Navarro, pero la inyección anímica del técnico aragonés parece ser ya un mero cuidado paliativo para un Zaragoza rendido cuando más feroz tenía que ser en la lucha.
No hubo león en Córdoba, donde la agresividad la puso casi en exclusiva el conjunto local, que acudía a la cita con los deberes prácticamente hechos. El Zaragoza, en cambio, afrontaba el envite con la vida en juego y, por mucho que el Big Data y el Excel aseguren que no faltó intensidad y que el equipo derrochó esfuerzo, la realidad es que no hubo ni rastro de aquel equipo aguerrido, corajudo y orgulloso que había hecho de la rasmia una forma de supervivencia.
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