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El paso atrás en todos los sentidos del Real Zaragoza

Navarro escogió en Córdoba un once con solo dos jugadores (Dani Gómez y Cuenca) de marcado perfil ofensivo en una apuesta reactiva que no funcionó. “Igual no podemos jugar tan expuestos, hay que darle una vuelta”, avisó tras caer ante al Mirandés

El Yamiq, en primer plano, se lamenta tras la derrota en Córdoba el pasado sábado

El Yamiq, en primer plano, se lamenta tras la derrota en Córdoba el pasado sábado / LaLiga

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

"Es la misma sensación que en Coruña y la misma que en Leganés, es la tercera vez. Le tenemos que dar una vuelta, igual no podemos jugar tan expuestos, igual sin ser tan dominadores las ocasiones son más claras porque llegas con más espacios y menos defensas. Hay que darle una vuelta porque el planteamiento no es para jugar bien, sino para ganar partidos". Las declaraciones de David Navarro tras la dura derrota en casa frente al Mirandés anunciaban un cambio de planteamiento de cara al partido en Córdoba. La acumulación de ocasiones erradas tanto en Leganés como frente al cuadro burgalés y la pérdida de consistencia defensiva, con errores graves (Larios) que derivaron en gol del oponente, llevaron al cuerpo técnico a sopesar la posibilidad de darle una vuelta a la idea inicial, concebida en torno a la valentía, el atrevimiento, el balón y la mirada hacia delante.

Las importantes bajas de Rober y Keidi contribuyeron a que, finalmente, David Navarro optase por llevar a cabo esa modificación para diseñar en Córdoba un once inicial muy diferente al habitual, no solo en cuanto a nombres sino también en cuanto a idea. Porque el Zaragoza más reactivo de Navarro afrontó el encuentro en tierras andaluzas con apenas un par de jugadores (Dani Gómez y Cuenca) de claro perfil ofensivo. El trivote integrado por Mawuli, Saidu y Moya y la presencia en banda de Larios por delante de Tasende anunciaban, por un lado, la extrema vigilancia sobre Carracedo y, por otro, concedían prioridad al aumento de presencia en la medular para hacer frente a la intensidad y calidad física del Córdoba en esa zona por encima de la amenaza ofensiva y la mayor carga en el área por parte de un conjunto aragonés que volvió a dejar demasiado solo arriba a Gómez en una fórmula que rara vez había dado resultado anteriormente.

Y la apuesta no funcionó. De hecho, fue un desastre. El Zaragoza fue muy inferior desde el primer minuto hasta ser sometido por su oponente, que bien pudo golear a un equipo aragonés desconocido e irreconocible. Un paso atrás en todos los sentidos.

Porque el cambio fue a peor. Ni redujo la exposición ni mejoró la protección. Tampoco propició ocasiones más claras como consecuencia de una mayor cantidad de espacios y menos defensas, como pretendía el entrenador. Todo fue a peor. Apenas un par de llegadas redujeron a la mínima expresión el caudal ofensivo de un Zaragoza al que el VAR libró de otros dos tantos, el larguero de otro más y la falta de puntería de Adri Fuentes de algún otro.

Está por ver si el fiasco en Córdoba devuelve la naturaleza a un Zaragoza que concibió sus esperanzas de vida sobre la apuesta valiente del cuerpo técnico liderado por Navarro. Casi siempre diseñado sobre la doble punta y con desequilibrio y atrevimiento en los costados, da la sensación de que la baja de Rober supuso un golpe demasiado fuerte que acabó de convencer al técnico de la idoneidad de cambiar de planes ante la ausencia del jugador con mayor talento ofensivo de la plantilla para entregarse a un plan demasiado supeditado al oponente. Esto condicionó tanto el planteamiento inicial como una gestión posterior de igual modo cuestionable, sobre todo, en la tardanza a la hora de hacer cambios y la puesta en escena de una doble punta que el partido pedía a gritos.

Pero Navarro, artífice del rescate de la esperanza cuando todo parecía perdido, podría haber tomado nota. Si el plan inicial podía dejar más expuesto al equipo, el remedio, al menos en Códoba, pudo ser incluso peor que la enfermedad.

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