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La intrahistoria del triple cambio de la discordia del Real Zaragoza ante el Ceuta

La inusual maniobra de Navarro, demorada por desajustes en el banquillo, persiguió un golpe de efecto en un Zaragoza de nuevo sin la actitud necesaria para competir por su vida. Keidi, uno de los capitanes, se fue andando como muestra de malestar por una decisión bien acogida tanto por la grada como por el equipo

La intrahistoria del triple cambio de la discordia del Real Zaragoza ante el Ceuta

MIGUEL ANGEL GRACIA

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

Minuto 36. El Real Zaragoza sucumbe ante un Ceuta, el segundo peor visitante de la categoría, que afronta el partido con los deberes hechos y se impone con justicia y suficiencia a un rival infame que acaba de darse, hace apenas cinco minutos, otro de esos tiros en el pie que le han dejado hecho una piltrafa. Medio equipo lleva un buen rato con la lengua fuera y a merced de un oponente que amenaza con aumentar su renta favorable y dejar el partido y al Zaragoza finiquitados. David Navarro, entrenador del conjunto aragonés, se harta y ordena un triple cambio en busca de ese golpe de efecto necesario para darle la vuelta al equipo y a otra final que se escapa. La actitud, la misma a la que había apelado hace unos días en Córdoba, volvía a ser un problema muy grave.

El entrenador da nombres: Aguirregabiria, exhausto quizá por el calor, por las secuelas de una gastroenteritis, por ambas cosas o por ninguna (durante la semana se había ensayado con Juan Sebastián en el lateral diestro), es uno de los que se van. Junto a él saldrá Pinilla, muy afectado por su error en el tanto del Ceuta, y también Keidi Bare, cuyas sensaciones ya no eran buenas desde el calentamiento. Entran Juan Sebastián, Mawuli y Kodro, pero alguien entiende mal el recado y llama a Moya en lugar de al delantero, lo que demora una maniobra que no se ejecuta hasta más de cinco minutos después de lo ordenado, hasta que todos los sustitutos están preparados.

Se marcha Aguirregabiria, sin perder tiempo, por su banda. Sale corriendo Pinilla, prácticamente entre lágrimas, pero es Keidi Bare, segundo capitán del Zaragoza, el que más tarda en salir. Lo hace andando, despacio a pesar del marcador en contra, y visiblemente molesto, lo que se confirma cuando dirige alguna palabra al banquillo antes de emprender el camino hacia el vestuario.

La triple sustitución, justo antes del intermedio, sienta bien al equipo y también a la grada, que llevaba un buen rato con la mosca tras la oreja y exigiendo algún tipo de actuación destinada a erradicar de raíz semejante esperpento. La clara ocasión que Kodro manda al larguero justo después anuncia una reacción que el equipo confirma en la reanudación con una actitud diferente y la inestimable ayuda de la temprana expulsión del jugador del Ceuta Cantero.

Pero, a pesar de todas las facilidades concedidas por el adversario, el Zaragoza no culmina la remontada por culpa, otra vez, de su propia inconsistencia y una acumulación de errores graves en las dos áreas, lo que inunda el vestuario de desazón y cierto aire de resignación ante una situación extrema que puede convertirse en irreversible en función de los resultados del domingo.

El malestar es evidente, sobre todo, de Keidi y de un cuerpo técnico y banquillo a los que no gusta un pelo la reacción del albanés y que no acierta a encontrar explicación a lo sucedido en una primera parte demencial que provocó una medida destinada a darle la vuelta a todo más allá de un vuelco táctico, sino en busca de un nuevo Zaragoza capaz, al menos, de mostrar la actitud necesaria cuando la vida está en juego.

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