La opinión de Sergio Pérez
La grotesca y metafórica última jugada de una vida y la casi sentencia de muerte del Real Zaragoza
La última jugada del partido contra el Granada es el perfecto resumen de una temporada patética y que tiene ya difícil salvación

Dani Gómez se lamenta de una acción errada durante el partido ante el Granada. / JAIME GALINDO

Ni en el mejor de sus sueños, el Real Zaragoza pensaba verse en una situación así de favorable después de meses con el barro cubriéndole todo el cuerpo, enfangado como nunca antes en toda su historia y con las arenas movedizas tragándose el presente, el pasado y el futuro. Pero así fue como el equipo aragonés se presentó al encuentro frente al Granada, con la posibilidad de sacar la cabeza de los puestos de descenso después de meses, larguísimos meses, sin salir de ahí. Y, lo peor, sin casi esperanzas de hacerlo.
Con ese panorama, que había tenido un colaborador imprescindible en el Cádiz, se presentó el Real Zaragoza en un día capital. A David Navarro se le había escapado el equipo de las manos en el último mes, con un balance de dos puntos de 15 posibles, pero actuó en consecuencia: volvió a la formación con dos delanteros (Dani Gómez y Kodro, una de las novedades) junto con Sebas Moyano, otra, por uno de los costados imaginando desborde, verticalidad y regates. Nada de ello sucedió. Adri Rodríguez ocupó el lugar del sancionado Esteban Andrada, que ya verá lo que resta de Liga desde la grada.
El Real Zaragoza entró en el encuentro con efervescencia y decidido a inclinar el campo hacia el área visitante. El Yamiq estuvo cerca de sorprender a Astralaga con una volea preciosa que cogía portería pero que el portero visitante repelió. La sucesión de córners fue interesante durante los primeros tramos del partido.
Fueron más balas de fogueo que armas de fuego real. El Granada jugaba al trantrán, sin mucho ritmo ni velocidad de balón. Adri Rodríguez tuvo que lucirse con una gran parada a mano cambiada, Arnaiz soltó una buena rosca y a Rubén Alcaraz le anuló un gol el VAR tras una falta innecesaria de Saidu, que es tan importante como peligroso por el ímpetu mal controlado. El tanto estuvo bien anulado. En la despedida de la primera parte, Dani Gómez desperdició la mejor oportunidad local. Tiró fuera un cabezazo en clara ventaja tras un saque de falta.
La derrota de Huesca había dejado secuelas durante toda la semana, entre ellas, además de los 13 partidos de castigo a Andrada, el comunicado público de protesta del club por el arbitraje de Arcediano Monescillo. En el Ibercaja Estadio pitó Pérez Hernández. Acertó anulando el 0-1 del Granada y falló de manera sorprendente al no mostrar la segunda cartulina amarilla a Loic Williams en una acción merecedora de ella sobre Rober.
El encuentro se fue consumiendo como un cigarrillo al que ni siquiera se le dan caladas, lentamente. Al Real Zaragoza le volvió a faltar energía, fuerza física y fe. Como si no diera más de sí a pesar de que el único camino que llevaba hasta el sueño de la permanencia era la victoria y que el premio, numérico y moral, era elevadísimo: dormir fuera de la zona de descenso.
El Real Zaragoza tuvo los mismos problemas de siempre y más. La última jugada del encuentro fue una metáfora de toda esta patética temporada. Minuto 97, falta a favor en el centro del campo. En lugar de mandar el balón al área, entre Adri, Mawuli y Dani Gómez se lían la manta en la cabeza, la pierden y provocan un contragolpe propio de alevines. 0-1. Otra derrota. Casi, casi, sentencia de muerte.
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