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La inconsolable pena de 'Pini' en el Real Zaragoza

El canterano, que tuvo en sus botas la victoria justo antes del tanto del Granada, se marchó del estadio roto, entre lágrimas y bajo el reproche de algunos aficionados.

Pinilla, en el centro, con las manos en el rostro a la conclusión del encuentro.

Pinilla, en el centro, con las manos en el rostro a la conclusión del encuentro. / Jaime Galindo

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

Partía durante la semana en el once inicial que iba a enfrentarse al Granada, pero David Navarro se decidió a última hora por Sebas Moyano para formar en el costado izquierdo del ataque del Real Zaragoza, lo que relegaba a Hugo Pinilla al banquillo. El canterano apenas dispuso de un rato, a pesar de que su ingreso en el terreno de juego se antojaba necesario y pertinente desde mucho antes. Pero el técnico apostó antes por Guti, Mawuli y Cuenca y un cambio de dibujo en el que Pini aún no tenía cabida. Así que le tocó esperar a los últimos compases del choque (en el 86) para entrar en escena. Y lo hizo como casi siempre: arriesgando y mirando el fútbol hacia delante.

Ignoraba Pinilla que e fútbol le reservaba una de esas situaciones desgarradoras. Su desmarque (una práctica casi inexistente y de escaso funcionamiento hasta la irrupción de Pinilla) encontró la visión de Rober, que le puso un balón de oro para que el canterano encarara al meta del Granada y dispusiera de una ocasión inmejorable para sacar al Zaragoza del descenso de forma eventual. Era el minuto 95 y el gol hubiera sido definitivo. Pinilla lo hizo todo bien. Inició, combinó, controló y dribló al portero pero se perfiló mal a la hora de rematar con la derecha y el balón, para la desesperación colectiva, acabó en el lateral de la red. Poco después, el Granada lograba el tanto de la victoria que dejaba prácticamente visto para sentencia al Zaragoza.

Artífice de aquella reacción merced a su «la vida es para los valientes» y ejemplo de compromiso tras la muerte de su madre, está viviendo una temporada envuelta en dolor

El rigor de las desdichas destrozó a Pinilla, que se retiró entre lágrimas al vestuario y cuyo inconsolable llanto perduró hasta que salió de la ducha rumbo a casa. Destrozado, el aragonés fue objeto de reproche por parte de varios aficionados, que le recriminaron haber malogrado la última oportunidad de seguir con vida.

La tristeza inundó al canterano, que, a sus 20 años, lleva meses instalado en el sufrimiento desde que su madre falleció. Entonces, hace ahora dos meses, el zaragozano dio una lección de compromiso y profesionalidad que ayudó al equipo a seguir con vida. Apenas faltó a entrenamientos mientras su madre permanecía en el hospital e, incluso, acudió al velatorio directamente desde la Ciudad Deportiva. Toda la plantilla y empleados del club le acompañaron en el funeral para dar inicio a una conjura que, ya con David Navarro recién llegado al banquillo, sacó a flote al Zaragoza con una trascendental victoria en Cádiz, donde Pinilla fue titular.

«La vida es para los valientes», acuñó el canterano al término de aquel encuentro en una frase destinada a pasar a la historia y que ahora quedará como ejemplo de compromiso de aquel chico al que la desdicha le persiguió durante la peor temporada en la historia del Real Zaragoza.

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