La opinión de Sergio Pérez
La reconstrucción a fondo del Real Zaragoza y la revolución en todas sus estructuras
La actual propiedad, encabezada por Jorge Mas, ha fallado. Tanto en Segunda como en Primera RFEF, la SAD necesitará cambios profundos

Jorge Mas, en el Ibercaja Estadio durante el Real Zaragoza-Valladolid de esta temporada. / JAIME GALINDO

El futuro del Real Zaragoza se conocerá en las próximas cuatro jornadas. Eso es lo que le queda al campeonato para cerrar la segunda vuelta. Desde hace ocho meses, pero sobre todo en las últimas semanas, el equipo aragonés está sufriendo una lenta agonía que le ha acercado cada vez más a un destino terrible: el descenso a Primera RFEF y a caer fuera del fútbol profesional.
Las posibilidades de que el Real Zaragoza complete un milagro cada vez son más improbables aunque todavía son posibles. Tiene que viajar a Valladolid, recibir al Sporting, ir a Las Palmas y medirse al Málaga en el Ibercaja Estadio en la última fecha. La distancia con el Cádiz se ha ensanchado hasta los cuatro puntos después del 2-2 del conjunto andaluz en el Reino de León, que no fueron seis por minutos. Ahí nació el hilo de vida que queda.
El problema ya ni siquiera es el tiempo sino el propio Real Zaragoza. De unas semanas a esta parte, cuando todo se iba a decidir, el equipo se ha bloqueado y se ha frenado en seco desde todos los prismas. Ha perdido el fútbol que David Navarro le dio ante el Almería o el Racing, ha perdido la seguridad defensiva de esos días, ha perdido el gol, ha perdido la energía y el carácter competitivo y hasta la fe.

Lalo Arantegui, de espaldas, en la Ciudad Deportiva del Real Zaragoza. / PABLO IBÁÑEZ
En unas semanas, el Zaragoza conocerá el destino de su temporada. Sea cual sea, ojalá de nuevo en Segunda División por una de aquellas rarezas de la historia del fútbol, o en Primera RFEF, la SAD debe afrontar una reconstrucción a fondo en todas sus estructuras. La llegada de Lalo Arantegui a la dirección deportiva ha traído ya los primeros pasos en la dirección adecuada: el club se ha 'aragonesizado' con su incorporación y las de Fran Gracia y Quique García. Un área capital en un club de fútbol se va a ir llenando de contenido cuando se había vaciado de manera incomprensible e irresponsable.
Ese debe ser solo el primer paso. La actual propiedad ha fracasado de manera estrepitosa. De momento, el dinero por el dinero no ha dado la felicidad sino la caída a las cercanías del infierno y la situación más tormentosa en décadas. La reconstrucción y la revolución interna ha de ser de gran calado. El Real Zaragoza ha de volver a ser un club aragonés, con identidad y dirigentes decididos a tratarlo y regirlo respetando sus rasgos identitarios, con cariño, cercanía e interés, activos que se han dispersado por su internacionalización y por la apatía y lejanía mostrada por sus dueños, con el presidente Jorge Mas a la cabeza.
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