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Rober, el clavo ardiendo del Real Zaragoza

Recuperar la mejor versión del extremeño, cuyo rendimiento ha bajado en los últimos partidos, es vital para creer en el milagro

Rober celebra el tanto marcado al Ceuta en el Ibercaja Estadio.

Rober celebra el tanto marcado al Ceuta en el Ibercaja Estadio. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

Es, sin duda, el jugador con más calidad de una plantilla acuciada por un déficit de todo tipo en torno a este término. Rober González emerge como una de las escasas buenas noticias que ha deparado la bochornosa temporada de un Real Zaragoza que se aferra al emeritense como a un clavo ardiendo para sostener sus escasas esperanzas en salir vivo de esta.

Desde que llegó, en el mercado invernal, lo ha jugado casi todo. Solo se perdió, por problemas físicos, el encuentro en Córdoba (1-0), donde su ausencia se dejó notar de lo lindo en un conjunto aragonés que fue zarandeado por su rival y que careció de argumentos, tanto ofensivos como defensivos, para hacerle frente. En el resto de encuentros siempre ha formado parte del once titular para evidenciar que este raquítico Zaragoza se concibe sobre Rober y diez más y que en sus botas reside cualquier mínima opción de permanencia.

Clave en la reacción a raíz de la llegada al banquillo de David Navarro, Rober es la mejor baza ofensiva de un equipo en el que la verticalidad, el desborde y el juego entre líneas del extremeño es gloria bendita ante el bajo nivel de calidad, tanto física como técnica y táctica, de una escuadra en la que Rober, autor de dos goles y una asistencia, es el único que marca diferencias.

Pero el rendimiento del emeritense ha caído en los últimos encuentros coincidiendo con un nuevo cambio de dibujo y la recuperación de la doble punta formada por Dani Gómez y Kodro, lo que ha sacado a Rober, que no se ve jugando en la izquierda, de la mediapunta para ubicarlo en la derecha, donde su fútbol requiere un mayor esfuerzo defensivo.

Todo apunta a que saldrá de la banda para volver a la mediapunta en Pucela

Sin embargo, las bajas prestaciones del Zaragoza tanto en el derbi contra el Huesca como el pasado viernes frente al Granada anuncian una nueva vuelta de tuerca en el diseño del equipo el sábado en Valladolid. Todo apunta a que David Navarro variará el esquema para que Rober pueda ejercer en el lugar donde mejor muestra sus virtudes para pasar al centro, escenario en el que el emeritense goza de una mayor libertad de movimientos y en la que puede ejercer como enlace entre el centro del campo y el punta.

Falta por saber si el regreso a una posición más centrada se enmarcará en torno al mismo rombo que Navarro diseñó, con nulo éxito, en El Alcoraz, o a través de un 4-2-3-1 más habitual a lo largo del curso. En cualquier caso, no parece que el 4-4-2 en línea al que el cuerpo técnico volvió ante el Granada vaya a tener continuidad en Valladolid. Al menos, con idénticos protagonistas. Además, uno de ellos (Saidu) estará sancionado y no podrá jugar en Pucela, donde sí podría estar disponible Keidi Bare, otra pieza clave.

La asignatura pendiente

Pero, si el Zaragoza aspira a llegar vivo al final del camino, rescatar al mejor Rober es fundamental. El atacante es el eje sobre el que gira todo el engranaje ofensivo del Zaragoza, que es otro bien distinto cuando el extremeño no está o, como ante el Granada, aparece poco.

Porque, a pesar de su evidente relevancia en un equipo que depende en gran medida del grado de inspiración y estado físico del extemeño, Rober también debe dar ese paso adelante que exige una situación tan crítica como la actual. Sobre todo, en lo que a eficacia y efectividad de cara al gol se refiere. Y es que el viernes volvió a fallar una clamorosa ocasión de gol en los primeros compases del encuentro, algo que ya había sucedido con anterioridad en varias jugadas muy similares ante el Ceuta, una al comienzo de cada periodo, o en Leganés. Todas ellas, con un patrón similar: centro desde el costado y remate franco desde dentro del área pero también con un mismo destino ajeno al gol. Unos acabaron mansamente en las manos del meta rival, alguno se estrelló en un defensa y otros se marcharon a las nubes. Afinar esa puntería acentuaría todavía más la incidencia de un futbolista determinante que ya ha participado directamente en cuatro goles desde que llegó (dos marcados, una asistencia y el penalti cometido sobre él ante el Mirandés que transformaría después Dani Gómez).

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