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La crónica del Real Valladolid-Real Zaragoza. Las campanas ya doblan con fuerza por un equipo muerto

El Zaragoza vuelve a mostrar su mortecina faz, encajando un gol madrugador en un córner y siendo incapaz de marcar a un pobre Valladolid que solo aprovechó los regalos, para asomarse del todo a un abismo, a su mayor desastre histórico sin que ya se vea remedio posible

Rober, con la mirada perdida y con Juan Sebastián al lado al final del partido.

Rober, con la mirada perdida y con Juan Sebastián al lado al final del partido. / CARLOS GIL-ROIG

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Santiago Valero

Santiago Valero

Se muere el Real Zaragoza. Desde hace tiempo, pero ahora la agonía ya es total, rumbo a certificar un descenso y su salida del fútbol profesional en el que el penúltimo capítulo llegó en Pucela ante un Valladolid que hizo lo justo para derrotar a un equipo de David Navarro que encajó un gol pronto en el enésimo desajuste, esta vez doble de Insua, en un córner y que se vio sentenciado con un error de Álex Gomes cuando había merecido empatar al menos en la segunda parte. Es la historia de este Zaragoza negro y por el que ya doblan las campanas, es un horror atrás y no tiene pólvora arriba. Nunca domina las áreas. Así, la condena es inevitable.

La defunción, a cuatro puntos cuando restan nueve por disputarse, puede llegar la próxima jornada, si pierde ante el Sporting y gana el Cádiz, pero en todo caso acabará por llegar para este Zaragoza hundido y desolador, que avergüenza a su afición o le hace llorar. O ambas cosas. Un equipo indigno, un club desastroso, una mancha enorme, la mayor, en la historia de una entidad que nunca cayó tan bajo. Solo falta ya que el enterrador eche la última palada. Y está ya muy próxima.

El Zaragoza, que se jugaba si acaso la última bala, salió con la caraja en todo lo alto. Con Juan Sebastián en el lateral derecho, un cambio total en la sala de máquinas, con Keidi y Toni Moya y con Cuenca en el carril zurdo se ubicó el conjunto blanquillo en Zorrilla ante un Valladolid en el que Fran Escribá pobló la medular con tres medios y solo dispuso a Latasa arriba para que se encontrara con un gol nada más arrancar fruto de la fragilidad zaragocista.

Insua, tan lento como mermado, regaló un córner y Latasa le ganó la partida en el saque de esquina, aunque en la estrategia cualquiera le supera al conjunto zaragocista, para que a los 3 minutos y con un cabezazo franco a media altura ya ganara el Valladolid. Al Zaragoza le volvía a tocar remar a contracorriente y la faz que mostraba no invitaba nada a creer. No lo iba a hacer ya en toda la tarde.

Tomeo, que había podido cometer un penalti a Rober antes, rozó en una falta el segundo gol y el equipo de David Navarro era un flan atrás, con Insua como el flanco más débil, si bien El Yamiq no lo mejoraba en demasía. El Valladolid hacía daño en las contras por su banda izquierda, con un mal repliegue zaragocista tras una deficiente presión, y solo había algo de luz cuando Rober entraba en contacto con el balón, ya que el resto del ataque era tan previsible como lento y falto de ritmo, sobre todo en el medio, con Keidi a su aire, sobreexcitado, y Toni Moya apagado, para que le costara un mundo llegar al área.

Una contra de Biuk pudo ser la sentencia, pero el Zaragoza en el último cuarto de hora mejoró algo. O el Valladolid mostró sus muchas costuras atrás. Dani Gómez disparó centrado con Rober solo y una falta botada por el extremeño le quedó al ariete para que Aceves sacara el balón con apuros, pudo ser el empate, si bien en otra contra de Biuk pudo llegar la sentencia de Latasa antes de llegar al descanso.

Mejoría tras el descanso

Con Gomes por un tocado y amonestado El Yamiq, además de a muy mal nivel, salió el Zaragoza, de mejorada faz. Empezó a presionar con más sentido, a encontrar caminos en el robo y a estar posicionado de forma más racional para que Insua, en una falta de Rober, estuviera a punto de empatar el pleito. El fútbol fluía mejor en el medio, con Toni Moya y Keidi Bare más entonados, y el extremeño obligó a un paradón a Aceves en un gran disparo después de la enésima jugada de Rober.

Pitaba Zorrilla a su equipo y David Navarro apostó por Pinilla y Kodro en lugar de Marcos Cuenca y un casi destrozado ya Francho, muy lastrado en su rodilla, para que un centro de Dani Gómez lo rematara al palo el ariete bosnio. Escribá vio el problema y regresó a su 4-4-2 con Marcos André con Latasa para que el físico de Insua dijera basta y Pomares, y no Radovanovic, ocupara su lugar con Soberón por Dani Gómez.

El delantero cántabro, que hace tiempo no está, vio la roja en cuatro minutos y la sentencia llegó en un balonazo que Gomes, que había rayado a gran nivel hasta entonces, intentó controlar y Carvajal, recién salido, le robó la cartera para batir a Adrián y echar una nueva palada de tierra sobre la tumba de un equipo que solo está esperando que se le escriba el epitafio. Llegará en breve, las campanas ya doblan y se escuchan. Este indigno y vergonzante Zaragoza, que suma tres derrotas seguidas y dos puntos de 21, por muchas oportunidades que le da el Cádiz de agarrarse a la vida, es carne de descenso a Primera RFEF de forma más que merecida.

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