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El análisis del Real Zaragoza. De París al infierno de la Primera RFEF

El equipo celebra el 31º aniversario de su mayor gesta con la mirada puesta en el descenso a la tercera categoría, que tiene ya a un paso, fruto de una caída final de siete jornadas sin ganar tras la reacción con Navarro que tiene muchas causas

Imagen de Nayim levantando la Recopa junto a Kodro desolado.

Imagen de Nayim levantando la Recopa junto a Kodro desolado. / SERVICIO ESPECIAL

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Santiago Valero

Santiago Valero

La noche de este 10 de mayo de hace 31 años el Real Zaragoza tocó el cielo de su historia, con aquella Recopa de los Héroes de París, aquel gol de Nayim al Arsenal que puso al equipo zaragocista en el lugar principal de fútbol europeo, con un título y una diana legendaria que llevaron al club al momento más álgido de su historia. Han pasado algo más de tres décadas y la efeméride de aquel día inolvidable la vive el Zaragoza de camino irrefrenable del infierno de la Primera RFEF, para el que ante el Valladolid se dio un paso definitivo, colofón de siete partidos sin ganar y tres derrotas seguidas ahora, que han traído una condena ya inevitable en la práctica aunque las matemáticas aún concedan un escaso margen.

El equipo que cogió David Navarro cuando se iba a disputar la jornada 29 tenía todo el aspecto y los síntomas del descenso con Sellés a los mandos. Se fue el valenciano y con él Txema Indias para que llegara Lalo Arantegui a la dirección deportiva y el Zaragoza se levantó, con tres victorias, en Cádiz y ante dos de los gallitos, el Racing y el Almería en el Ibercaja Estadio, y una derrota inmerecida en Riazor frente al Deportivo que hicieron que, tras superar al conjunto racinguista, líder de la categoría, al inicio de la Semana Santa la salvación se viera como factible, a tres puntos de la salida del túnel, de la permanencia, antes de visitar Butarque. Sin embargo, el equipo cayó en una espiral negativa, de dos puntos de 21 posibles, en los empates ante Ceuta y Leganés, y 5 derrotas (Mirandés, Córdoba, Huesca, Granada y Valladolid), que tiene varias causas.

El Zaragoza de David Navarro ha vuelto a sufrir lo que vivieron el de Gabi y el de Sellés, la cruz demoledora de no dominar ninguna de las áreas. Es una máquina de regalar goles con sus fallos y la falta de pólvora es alarmante en ataque

La principal, sin duda, es su flojera defensiva, su capacidad para regalar ocasiones y goles a los rivales. Lo hizo ante el Leganés (Larios), el Mirandés (por despejes a ningún lado), el Córdoba y el Ceuta (con córners letales), el Granada, con la terrible acción del gol nazarí en el último instante tras una falta sacada en corto y en Valladolid en ambas dianas de los pucelanos, un saque de esquina mal defendido y el error de Gomes en el tanto definitivo. A ese nulo dominio de su área se le añade la falta de eficacia, que se puso de manifiesto en muchos de esos partidos, sobre todo en los inicios de esta pésima racha, en Butarque con el Lega, ante el Mirandés, contra un Ceuta con 10 o en menor medida frente al Granada y en la segunda parte en Pucela, ya que los partidos en Córdoba y en Huesca fueron de muy baja producción ofensiva.

La deficiente calidad física de la plantilla, con muchos jugadores lesionados y tocados, un grupo sin carácter y con problemas de liderazgo, futbolistas muy desenchufados y una falta de sintonía del una parte significativa del vestuario con el míster que se ha ido generando han supuesto otros claros problemas

Así que el Zaragoza de David Navarro ha vuelto a sufrir lo que vivieron el de Gabi y el de Sellés, la cruz demoledora de no dominar ninguna de las áreas, lo que equivale a una condena segura sea cual sea el contexto y por muchas oportunidades que den los rivales, infinitas las que ha dado el Cádiz que no gana nunca. Sin embargo, al final la realidad se ha impuesto a puro de duros golpes en los que también ha tenido que ver la escasa calidad física de una plantilla con un interminable historial de lesiones en esta temporada y al que el golpe de gracia se lo dieron los dos partidos en 72 horas, ante Leganés y Mirandés. Jugadores claves como Rober, Francho, Keidi Bare, Kodro, El Yamiq o Insua están jugando de forma permanente entre algodones o muy lejos de su mejor nivel físico y este Zaragoza con dolencias casi constantes lo acusa.

La llegada de David Navarro, además, cambió la dinámica y oxigenó un vestuario destruido y sin moral, pero el efecto revitalizador del entrenador, que no ha estado fino en sus apuesta tácticas y cambios en los últimos encuentros, se ha terminado por evaporar. Las derrotas y este mal momento revelan que la sintonía entre el técnico y el grupo no es total y, además, la forma de desenchufarse de algunos jugadores y el mal nivel de otros han obligado a Navarro a ir estrechando el registro numérico de una plantilla.

Así, el grupo de confianza, la guardia pretoriana, es mucho menor que esos 30 futbolistas contando a los que tienen dorsal del B (Mawuli, Larios, Pinilla, Gomes y Saidu), que también han supuesto un problema para las alineaciones pese a que la normativa en las fichas que no sean del primer equipo es más laxa. Hay pocas alternativas que el entrenador juzga válidas y muchos futbolistas inéditos o con nula confianza por parte del míster, en muchos casos de forma merecida.

El Zaragoza no ha sabido gestionar el bajón que siempre genera un efecto rebote como el que supuso la llegada de David Navarro y los golpes de las últimas semanas, en Huesca, ante el Ceuta y el Granada en casa, han sido demoledores en una moral ya muy frágil

A todo eso se añade que el efecto rebote que provoca una reacción siempre tiene un bajón posterior que el Zaragoza no ha sabido resolver y la perdida de confianza del grupo, además de su notoria falta de carácter y de liderazgo en todo el vestuario, donde faltan referentes o al menos son muy difusos o equivocados en sus formas. Y en los últimos partidos los golpes duros se han acumulado en una tropa de moral frágil, con el incidente de Andrada en el derbi, el tremendo varapalo del gol del Granada en el último instante o antes el empate del Ceuta cuando ya había logrado la remontada.

El Zaragoza, con 35 puntos en 39 citas, que ve a cuatro la salvación cuando quedan nueve por disputarse y que puede bajar ya este próximo fin de semana a Primera RFEF, un desastre histórico y sin parangón en la historia del club (estuvo dos años en Tercera a finales de la década de los 40, pero ni el contexto ni la situación tienen comparación posible), escenifica una visión terrible del momento de un club destrozado y que vive este día con el recuerdo de París, 31 años antes, cuando todo era tan distinto, cuando se alcanzó el cielo y ahora se roza el infierno.

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