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La opinión de Sergio Pérez

El Real Zaragoza que cambiará de arriba abajo y la sacudida en la propiedad de la SAD

Un descenso a Primera RFEF sería una catástrofe deportiva histórica y provocaría un terremoto en todos los niveles del club

Jorge Mas, a la entrada de una Junta General de Accionistas del Real Zaragoza.

Jorge Mas, a la entrada de una Junta General de Accionistas del Real Zaragoza. / ÁNGEL DE CASTRO

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Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

Todavía no se ha producido y aún hay posibilidades matemáticas de que no se produzca. Lo que no está claro es que haya fútbol y fe suficientes dentro del propio equipo para, al menos, intentarlo mientras la sentencia no sea definitiva, que continúa sin serlo y ello obliga a pelear por evitarla. Las esperanzas de que el descenso no se consume han ido reduciéndose de manera drástica durante los dos últimos meses, cuando el Real Zaragoza ha colapsado y se ha frenado en seco: 2 puntos de los últimos 21.

Esa racha tan nefasta ha impedido dar caza y sobrepasar al Cádiz, el colaborador necesario para que la temporada siguiera viva a pesar de que había sido catastrófica desde su inicio. A falta de tres jornadas, el escenario es complejísimo: restan nueve puntos por repartir (el Sporting en el Ibercaja Estadio este domingo, visita a Las Palmas y el Málaga en casa para cerrar la Liga) y la distancia con la zona de la permanencia está en cuatro puntos.

La incapacidad del propio Real Zaragoza para ganar, en una desafío en el que ya no parecen creer ni los propios protagonistas a tenor de su comportamiento durante los últimos partidos, es lo que está a punto de condenar al equipo aragonés a bajar a Primera RFEF, un descenso que, si termina produciéndose, sería el mayor golpe deportivo de la historia del club. También un varapalo social, anímico y económico de enormes dimensiones.

Jorge Mas, en el centro, junto al director financiero Mariano Aured y la consejera Cristina Llop.

Jorge Mas, en el centro, junto al director financiero Mariano Aured y la consejera Cristina Llop. / ANGEL DE CASTRO

Si la tragedia deportiva se consumara, las consecuencias que se generarían serían de mucho peso y alcanzarían a todas las esferas de la entidad. La plantilla cambiará de arriba abajo, como el entrenador, los principales ejecutivos también se verán afectados y hasta la configuración de la propiedad sufriría modificaciones. El cambio de presidente debería ser obligado. El desinterés, la lejanía y la frialdad de Jorge Mas con el Real Zaragoza han sido sorprendentes y el abandono del ejercicio verdadero de sus funciones en una coyuntura tan dramática, tremendo.

Habrá huidas y pasos adelante, habrá quien se baje del barco y a quien lo bajarán. Y entrarán nuevos pasajeros con el objetivo de dar continuidad al objetivo con el que el Real Zaragoza comenzó a trabajar cuando se vio obligado a cortar la temporada por lo sano en marzo con los despidos conjuntos de Txema Indias, director deportivo, y de Rubén Sellés, por entonces el técnico.

A un Real Zaragoza de Primera RFEF no lo conocerá nadie. Solo sería reconocible el área de trabajo que pilotará Lalo Arantegui, el hombre destinado a dar forma al próximo proyecto y a diseñar el futuro a corto y medio plazo de la entidad. Con su fichaje y el de su equipo, Fran Gracia, Quique García y Néstor Pérez, la SAD tomó la primera gran decisión del próximo lustro, anticipándose a un posible descenso de categoría, si el equipo no lo remedia en las tres próximas jornadas, o cambiando por completo de método en un hipotético escenario favorable con una permanencia milagrosa.

Las primeras piedras deportivas de cómo será el Real Zaragoza desde junio están ya puestas: vuelta a los orígenes, identidad, más aragoneses y un modelo deportivo totalmente distinto. Ya hay fichajes en esa dirección: Jaume Jardí o Rubén Díez, por ejemplo. Un descenso, además, haría tambalear una parte importante del resto de la estructura. A grandes males, como los de la campaña en curso, habrá grandes remedios. O, al menos, cambios buscando mejores soluciones.

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