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La opinión de Sergio Pérez

Del adiós de Raúl Sanllehí a la tormenta perfecta y la gestación de un nuevo Real Zaragoza

Cuando se fue, el exdirector general calificó su último año como extenuante y dijo haber acabado exhausto. Fue una señal y el principio de todo lo que ha sucedido después

Raúl Sanllehí, durante una entrevista con este diario en su etapa como director general.

Raúl Sanllehí, durante una entrevista con este diario en su etapa como director general. / JAIME GALINDO

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Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

Hoy parece muy lejos, porque la vida en el Real Zaragoza discurre a toda velocidad y con una intensidad máxima, pero fue hace no mucho. En junio de 2024, Raúl Sanllehí anunció su marcha de la dirección general después de dos temporadas en el cargo como cabeza perfectamente reconocible en la ciudad del nuevo grupo inversor.

El equipo acababa de salvar la temporada de manera angustiosa después de dos cambios de entrenador: Fran Escribá dejó paso a Julio Velázquez y Julio Velázquez a Víctor Fernández. Como ha sucedido este año, la SAD también cortó por lo sano cuando las cosas seguían sin enderezarse y las veces que hizo falta. Aquella campaña, el equipo sumó 51 puntos y terminó decimoquinto, seis por encima del descenso. Ahora mismo, eso parecería una bendición.

La destitución de Escribá dejó mucha huella en Sanllehí. Su sintonía era muy grande. El barcelonés era un ejecutivo de mucho peso, con un gran currículum, curtido en mil batallas en todo tipo de situaciones, habituado a negociaciones duras y del máximo nivel y en clubs de élite. Cuando se marchó, dijo haber acabado exhausto y desgastado, con esas dos palabras. Su última temporada la calificó como extenuante.

David Navarro, en el entrenamiento de este pasado miércoles.

David Navarro, en el entrenamiento de este pasado miércoles. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Desde su llegada, el objetivo del grupo inversor fue siempre el ascenso. En las dos campañas que Sanllehí estuvo en la ciudad, el equipo se quedó muy lejos de sus metas. El catalán tenía contrato en vigor y, sin embargo, decidió marcharse. Lo hizo con una carta extensa en la que destacó el trabajo de su equipo, los cambios estructurales bajo su dirección y la indiscutible reducción de deuda. Y, sobre todo, tuvo la valentía de reconocer dónde estaba el foco de todos los problemas: “Todos estos avances –relató- carecen de relevancia sin un rendimiento deportivo acorde. No nos engañemos, esa es la verdadera prioridad y elemento de juicio en todo club de fútbol”.

En ese punto, pero empeorado, es donde el Real Zaragoza continúa estancado a punto de caer por un precipicio sin fondo histórico. A falta de tres jornadas está a cuatro puntos de la zona de la permanencia y la salvación se antoja complicadísima. Eso sí, la palabra imposible todavía no se puede utilizar. Desde 2022, la actual propiedad no ha sabido dar con la tecla adecuada en el terreno deportivo porque le ha fallado la pieza principal del puzzle: el fútbol, el verdadero objeto de negocio de la empresa. El adiós de Sanllehí no fue solo una decisión personal. Fue una señal de alarma. Que todo saliera bien era más difícil de lo que pensábamos. Así, entre focos de inestabilidad y numerosos giros de dirección, hemos llegado hasta hoy con una tormenta perfecta encima y un nuevo Zaragoza en periodo de gestación. Y no solo en el césped.

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