El descenso virtual del Real Zaragoza: no tenéis perdón
La historia recordará para siempre a los protagonistas de la mayor tragedia en toda la existencia del Real Zaragoza

Aficionados zaragocistas muestran su enfado al final del partido ante el Sporting. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

No tenéis perdón. La historia os recordará para siempre como los protagonistas de la mayor tragedia en la historia de uno de los clubs más importantes de España. No tenéis perdón. No puede haberlo cuando se provoca tanto dolor a tanta gente. El paso de los años podrá mitigar el efecto del genocidio deportivo, pero jamás lo borrará. No tenéis perdón. Ninguno. Ni arriba ni abajo. Ni los de aquí ni sobre todo los de allá, esos a los que el Real Zaragoza les importa lo justo para comprobar el efecto de la fallida inversión en la cuenta corriente. No tenéis perdón porque os habéis ganado a pulso la repulsa unánime de un sentimiento al que habéis ultrajado a base de una insoportable acumulación de infamias en torno al peor equipo de fútbol que verán unos ojos maltrechos de tantas horas viendo bazofia.
No tenéis perdón, cobardes, por dejar a la gente sola en uno de los peores momentos de su vida. El zaragocismo malvive envuelto en lágrimas desde hace meses y vosotros, la peor propiedad en la historia de esta entidad casi centenaria, ni siquiera aparecéis por el palco para evitar el mal rato de ser objetivo justo de la ira de una afición destrozada. Nadie da la cara salvo el de siempre: el peor director general de la historia al que se recordará siempre por un cartel bochornoso y falsas promesas de ascensos que acabaron en la tragedia del abandono del fútbol profesional.
No tenéis perdón, ni vergüenza. Este Real Zaragoza al que habéis matado os maldecirá para siempre. A los de Miami, a los de Madrid y a lo poco que hay de aquí en un club al que le habéis dado solo dinero y al que le habéis arrebatado todo lo demás.
No tenéis perdón. Tampoco vosotros, los que ya no estáis por aquí tras haber salido, con los bolsillos llenos por supuesto, después de haber perpetrado la peor plantilla en la historia. Jugadores indignos de lucir cualquier león en el pecho, pero especialmente este, el rampante, el que guarda bajo llave tantas jornadas de gloria, pero, sobre todo, de honestidad y nobleza. Nada de eso queda ya en este páramo en el que se ha convertido un club a la altura de su equipo y viceversa.
No tenéis perdón, futbolistas impostores a los que la camiseta os queda demasiado grande. Casi tanto como la talla de una afición que, por más que quiera, nunca podrá olvidaros. Ni a vosotros ni a esta asquerosa temporada en la que ha tenido que soportar lo que jamás imaginó. Incluso acusaciones y advertencias infames.
No tenéis perdón. Por mucho que acudáis cada quince días a implorar clemencia después de cada ignominia. No lo merecéis. Tendréis que vivir con ello. Como la gente deberá acostumbrarse a ver a su equipo del alma fuera del fútbol profesional y en escenarios donde jamás debería actuar.
No tenéis perdón, personajes de la crónica de una muerte anunciada. Ya seáis propietarios, directivos, jugadores o técnicos, cada uno en su justa medida y con el porcentaje correspondiente de responsabilidad en la mayor humillación sufrida por una afición cuyas lágrimas aparecerán en las próximas horas por pantallas y portadas de todo el mundo.
No tenéis perdón, ni vergüenza. Fuera todos. El Real Zaragoza es, virtualmente, equipo de Primera RFEF. Y el dolor es insoportable. Tanto que casi ya ni duele, lo que es tan incomprensible como la abominable gestión deportiva que ha acabado con todo. O con casi todo. Porque el zaragocismo, al contrario que vosotros, seguirá allí. Desecho, destrozado, vacío, con el corazón roto y el alma en pena, pero con la cabeza alta y un orgullo que no le cabe en el pecho.
A vosotros, gente de bien, la vida os debe una. El descomunal tormento acumulado y el colosal calvario llegan a su fin. Acaba este suplicio eterno por la crueldad de unas matemáticas que no han hecho sino prolongar la agonía de un cadáver andante. Lloren, griten y maldigan. Están en su derecho. Se han ganado a pulso exigir cabezas. Sean implacables sin perder la razón, por muy difícil que sea mantenerse cuerdo después de un curso de locos que comenzó mal parido y que acabará como el rosario de la aurora.
Muerte anunciada
Hace tiempo, mucho, que se veía venir. La negligencia y dejación de funciones lo han presidido todo. Mucho más que un presidente que primero dejó de hablar y después dejó de aparecer por aquí. A él, a Jorge Mas, le dedicó la masa social una protesta masiva que debe extenderse a toda la propiedad, a consejeros y directivos, los responsables principales de la mayor infamia que verán nuestros ojos. Especialmente, uno, Mariano Aguilar, el consejero encargado del área deportiva al que la acumulación de desastres no le han movido de su puesto, aunque sí del palco, por donde no aparece desde hace tiempo.
No tenéis perdón. En un par de semanas, todo habrá acabado, aunque la realidad es que hace mucho tiempo que todo está oscuro y reina la desolación. El Real Zaragoza está en ruinas porque se ha dinamitado todo desde dentro. Y no puede haber nada peor que eso. La Ciudad Deportiva, sin director desde que empezó el año, es el fiel reflejo de un club abandonado a su suerte en el que se acumula la porquería sin barrer en las esquinas y los aspirantes a funcionarios que nunca han puesto al Zaragoza por encima de todo. Y eso no se perdona. Porque solo la familia y poco más está por encima de su equipo para una parroquia que asiste a la ejecución del Zaragoza con la sensación de estar ante la muerte de un ser querido. Del amor de su vida.
No tenéis perdón. Vosotros, los constructores de un plantel tan indecente como la mayoría de los entrenadores que han pasado por aquí, sobre todo, este curso. Txema Indias, un nombre aliado por siempre a la mayor vergüenza de nuestras vidas.
Quizá, con perdón, esto sea lo mejor que pueda pasar. O no, porque un descenso y sobre todo este, no tiene nada positivo. Pero, más allá de que es tan justo como merecido, puede que sea necesario tocar fondo para empezar de cero y acometer esa urgente reestructuración global que este club lleva años pidiendo a gritos. Pero aquí todo el mundo señala al de al lado y deja la autocrítica para el otro. Nadie habla. Nadie da la cara. Todo es por la espalda. Y ese, precisamente, es uno de los grandes males que han acabado con el Zaragoza que conocimos. Ese que nos hizo llorar pero de orgullo. Nada que ver con el llanto desgarrador que lo llena todo de pena, de vergüenza, de dolor y de rabia. Pero, sobre todo, de amor. Han dejado morir al Zaragoza y nadie ha acudido a visitarlo mientras agonizaba. No tenéis perdón.
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