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El descenso virtual del Real Zaragoza: Las Palmas tenía que ser

La isla volverá a ser el domingo, salvo milagro, escenario de una desgracia para el conjunto aragonés, que se quedó sin ascenso ahí hace once años

Ranko Popovic, entrenador del aquel Zaragoza que rozó el ascenso en Las Palmas, consuela a Diego Rico, ahora en el Getafe.

Ranko Popovic, entrenador del aquel Zaragoza que rozó el ascenso en Las Palmas, consuela a Diego Rico, ahora en el Getafe. / EFE / ÁNGEL MEDINA

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Jorge Oto

Jorge Oto

Zaragoza

Once años después, Las Palmas apunta a volver a ser el escenario de una desgracia para el Real Zaragoza. Caprichos del destino y del fútbol, la isla albergará de nuevo, salvo milagro, una cita con la desdicha para el equipo aragonés, que aquel 21 de junio de 2015 se quedó sin ascenso a Primera División tras aquel inolvidable gol de Araujo que dejaba al Zaragoza en Segunda, categoría que, salvo improbable carambola, abandonará el domingo, también en Gran Canaria.

Las Palmas tenía que ser. Durante todos estos años, el cuadro amarillo ha ido oscilando entre Primera (5 temporadas) y Segunda, mientras que el Zaragoza se ha mantenido en una categoría de plata en la que ha estado más fuera que dentro en varias ocasiones. De hecho, son más las campañas en las que ha luchado por no bajar que por ascender (apenas ha disputado tres playoffs de ascenso).

Pero la situación ha derivado hacia la catástrofe. La peor temproada en la historia del club conduce al Zaragoza de cabeza al descenso a Primera RFEF y al consiguiente abandono del fútbol profesional. A cinco puntos de la salvación con apenas seis en disputa, la UD Las Palmas apunta a volver a ejercer de verdugo de una escuadra aragonesa que acumula cuatro derrotas consecutivas antes de rendir visita a un cuadro canario que, como casi siempre, pelea por volver a la élite del fútbol nacional. No como otros.

Han pasado once años. Toda una eternidad desde aquellas lágrimas de Bono que no encontraban consuelo en el ilustre Andoni Cedrún. Más de una década desde que Dorca estrellara la gloria en la madera y Vallejo persiguiera sin éxito ese balón de Araujo que acabó con todo. Aquel 2-0 en el minuto 86 neutralizó el 3-1 de la ida (entonces los goles fuera de casa aún valían doble en caso de empate). Desde entonces, todo ha ido de mal en peor para un Zaragoza que deambula como un alma en pena a la espera del certificado oficial de su fallecimiento.

Será en Las Palmas, otra vez. Allí se cerrará, casi con total seguridad, el círculo más dramático en la historia de la entidad. Nada se ha aprendido desde entonces. Han cambiado muchas cosas, pero todo ha ido a peor. Ni es la misma propiedad y apenas quedan testigos de aquello que sigan en el club, pero si aquel dolor fue insoportable, el de ahora lo es más. Aquello fue un drama. Lo de ahora es una tragedia.

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