El descenso inevitable a Primera RFEF: cuando ya todo acaba en ti, Real Zaragoza
El Zaragoza consuma en Las Palmas su descenso, un desastre histórico y un fracaso enorme con el que debe iniciar una nueva era de cambios obligados y absolutos. La Primera RFEF acoge a un equipo y a un club rotos que han merecido de lleno bajar en una temporada terrible, Hubo lágrimas sobre el césped, pero el descenso ya estaba digerido en un vestuario desunido y que es muy culpable

MAURICIO DEL POZO

«Todo empieza y todo acaba en ti» canta Ismael Serrano al amor que en el caso del Real Zaragoza es una pasión igual o hasta mayor. Para el Zaragoza que conocimos, el que vivía en la élite de forma habitual, el que paseaba su nobleza y valor por los campos de España y hasta de Europa, el que frecuentaba títulos, la historia hace tiempo que empezó a acabarse en forma de descenso a Segunda hace ahora trece años, los que se han vivido para que el club dé otro paso más hacia la indignidad actual, dando con un empate más digno que en anteriores partidos en el Estadio de Gran Canaria con sus huesos en Primera RFEF, fuera del fútbol profesional, tras un curso nefasto y un fracaso absoluto de proyecto finalizado con este soponcio y con la larga y lenta agonía anterior y después de que ante Las Palmas no se pudiera evitar esquivar lo que parecía inevitable hace semanas.

Adrián, desconsolado al final del partido. / MAURICIO DEL POZO
Y hubo oportunidades para regatear al destino, porque la Segunda más pobre y barata desde hace años las dio más que nunca y porque el equipo se levantó con David Navarro para que las fisuras a todos los niveles en el club y en un vestuario desunido terminaran de romper cualquier esperanza. Hace días, con una racha tétrica, tres puntos de 27 con el empate con algo de orgullo ante Las Palmas, que el epitafio zaragocista estaba escrito. Ahora ya puede colocarse en la lápida porque nada hay que hacer ya, salvo llorar y levantarse, cambiar tantas cosas y empezar de cero. No hay más. No hay otra para este club
Empieza una nueva era de este Real Zaragoza desposeído de su esencia, de su verdad, de su historia, este Zaragoza falso e indigno que ha llegado al punto más bajo de su historia después de que la nueva propiedad, Real Z LLC, llegara hablando de Primera, de Europa y hasta de Champions. Es lo que hizo Jorge Mas de forma textual hace justo cuatro años, cuando se erigió en la cara visible que después apenas se dejaría ver, solo en nueve veces en la ciudad, y se dibujó un nuevo Zaragoza desde el principio desnaturalizado. Un club de propietarios lejanos, de inversores desconocidos con más poder de decisión, mucho más, que el propio Mas, de hilos movidos desde el Metropolitano, desde el Atlético, con el objetivo primordial de una nueva Romareda que se puede estrenar en 2027 fuera de LaLiga, del balompié profesional. De momento, todo lo que se ha podido hacer mal se ha hecho peor para tras rondarlo en los cursos anteriores llegar un descenso tan justo como inapelable, con un Zaragoza vergonzoso y que avergüenza.
El desenlace de la tragedia trajo lágrimas sobre el césped, de los canteranos, de Pinilla, de Cuenca, de Juan Sebastián, de ayudantes y cuerpo técnico, de David Navarro, roto sobre el césped y cerca de hacerlo cuando le tocó hablar para intentar mandar un mensaje de esperanza en medio de tanto dolor, rostros serios, caras tristes, semblantes cariacontecidos, ojos llorosos. Era la imagen a dar, lo que tocaba entre unos jugadores en los que la inmensa mayoría no tendrán que pasear este escudo por la Primera RFEF. Sí seguirán esos zaragocistas valientes que estuvieron en el Gran Canaria y también lloraron. Ellos y muchos más, por tan terrible escenario para tanta grandeza y pasado en el Zaragoza. Tanto deshonor y bajeza en el actual.

Fernando López consuela a Kenan Kodro. / MAURICIO DEL POZO
El verdadero duelo es de otros, de los zaragocistas, que ven cómo su Zaragoza llega a una categoría y a un fútbol impropio de lo que ha sido, de la gloria de sus noches. Hace trece años descender a Segunda pareció el infierno, pero no intuíamos que había un escalón aún más por debajo y que los actuales propietarios, accionistas y consejeros, de los que ninguno estuvo en el estadio, dejando la representación en Fernando López, solitario director general en el palco y en el césped tras el partido, impostado en sus funciones, desprovisto de cualquier credibilidad y capacidad de mando. Para eso ya están otros, en Plaza 14, en Madrid, sobre todo en Madrid, o en Miami. Donde sea, pero con el zaragocismo, no. De ningún modo.
Los otros, los que no estaban, tenían aceptado sin pestañear semejante final para este Zaragoza que provocó admiración y respeto con su fútbol y que ahora solo da lástima entre el resto del universo de este deporte. Acabó en Las Palmas, donde hace casi 11 años pudo subir, la agonía para este equipo malparido y peor gobernado, para un proyecto de errores hilarantes en el que a nadie ha sorprendido el descenso. La gran mayoría de la afición ya lo había asumido hace días y el club, se diga lo que se diga, también, igual que la plantilla, un vestuario que también tiene su grave e imborrable dosis de indignidad y que merece ser señalada como tal.

Aficionados zaragocistas en Las Palmas llorando al acabar el partido. / MAURICIO DEL POZO
Llora el zaragocismo, la cuarta ciudad de España, por verse en una categoría desconocida, en un mundo nuevo en el que algunos, recientemente, el Tenerife o antes el Málaga, dejaron pronto, pero otros tardaron más, como el Deportivo. Ninguno es equiparable al tamaño de un Zaragoza arrastrado y ninguneado por sus dueños, por esos usurpadores de la ilusión y el corazón blanquillos.
No hay otro ejemplo de caída en el fútbol español que se pueda equiparar a la zaragocista, ni es justo que se mencione, porque resulta aberrante esa comparación. Lo que viven el Zaragoza y su sufrida afición no tiene nombre ni justificación, es algo que se escapa de la lógica.

Lalo Arantegui, director deportivo zaragocista, al bajar al césped. / MAURICIO DEL POZO
Acaba con el descenso, con las lágrimas de los que quisieron llorar sobre el césped, con la mirada en otro sitio de los verdaderos culpables, una temporada para olvidar, un cúmulo más que inadmisible de errores que solo tenía el final en lo que podía tenerlo, en el descenso, en irse a un fútbol semiprofesional y en revivir una experiencia que hacía casi 80 años que no le pasaba a este Zaragoza roto en todas sus áreas, que necesita un cambio absoluto, empezando por arriba, por la propiedad, que si no quiere o no puede darlo tiene que mover los resortes necesarios para que el zaragocismo perciba que otro Zaragoza, aunque sea con los mismos dueños, es posible. Lalo Arantegui, llegado en marzo, ya tiene un entrenador (Ibai Gómez) y jugadores fichados, el proyecto por ahí ha empezado rápido y sin dilaciones, pero el Zaragoza necesita muchas más cosas para volver a levantarse ahora entre enemigos impropios, demasiado, de su nivel e historia.
El descenso se consumó en la isla. Nadie en la expedición zaragocista pensaba que no iba a ser así. Todo estaba destinado a acabar aquí, junto al cementerio de San Lázaro, pero todo final tiene un comienzo. Todo acaba, y todo empieza, en ti, Real Zaragoza.
Suscríbete para seguir leyendo
- Limpia total en el Real Zaragoza: solo cuatro canteranos tienen sitio fijo en la plantilla en Primera RFEF
- Una auditoría interna obliga a cambiar el césped del Ibercaja Estadio: el Real Zaragoza no podrá usarlo hasta mediados de agosto
- El desgarrador mensaje de Radovanovic a este diario tras el descenso del Real Zaragoza: 'Sería mejor que hubiera muerto
- El futuro de Francho condiciona la composición de una medular muy definida
- El Real Zaragoza comunica a Pau Sans que lo considera fundamental en el proyecto
- El impacto de Ibai Gómez en el Real Zaragoza y todas las llaves del proyecto en las manos de Lalo Arantegui
- Solo quedan 6 equipos por conocer en Primera RFEF: estos son los nuevos posibles rivales del Real Zaragoza y cómo se distribuyen los grupos
- El Real Zaragoza solo sacrifica a Fernando López y anuncia una ampliación de capital de 20 millones de euros