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El día después del descenso del Real Zaragoza. Del llanto a las caras largas

La expedición zaragocista cambió el rictus del duelo por el de la seriedad y apenas se dejaron ver jugadores y técnicos por el hotel antes de volar con regreso a Zaragoza al mediodía

La plantilla del Real Zaragoza, en el hotel de Las Palmas.

La plantilla del Real Zaragoza, en el hotel de Las Palmas. / SERVICIO ESPECIAL

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Santiago Valero

Santiago Valero

Las Palmas de Gran Canaria

No es lo mismo asumir la desgracia como algo que acaba por llegar que vivirla cuando lo hace de una manera definitiva. Y eso le sucedió al Real Zaragoza tras el partido. Las lágrimás en el estadio de Gran Canaria, de los jugadores, sobre todo de los canteranos más jóvenes, de Cuenca, de Pinilla, también de Juan Sebastián, de otros más curtidos como Guti, del entrenador, David Navarro, de muchos de los miembros de su cuerpo técnico, de casi todos, sobre el césped mientras el resto de los futbolistas mantenía el dolor como bien podían y en los asistentes y los auxiliares también se vieron lágrimas de rabia por un descenso que de forma inevitable trae una reducción de personal en todos los ámbitos, más allá del impacto sentimental que para muchos de ellos tiene ver al equipo de su vida en el peor momento de su historia.

La llegada al hotel tras el partido calmó ese llanto en muchos casos y se fue dando paso a rostros serios tras las cenas. Muchos de los jugadores decidieron ya recluirse en sus habitaciones, aunque a algunos como Aguirregabiria, en solitario casi siempre, sí se les vio y otros como Agada, Saidu, Paul y Mawuli, la colonia africana de este Zaragoza, departieron un buen rato en el hall y otros se inclinaron por un paseo para despejar la mente, como Juan Sebastián y Cuenca. Por mucho que estuviera asumido ese descenso, la seriedad y la gravedad en los rostros de todos los futbolistas era general. Y mucho más si se hablaba con David Navarro o Néstor Pérez, aún muy afectados por el desenlace, con mucho más que un nudo en la garganta en ambos.

Apenas se dejó ver Fernando López, casi escondido salvo para estar en el palco y para saltar al césped en busca de dar consuelo a los futbolistas, que llegó justo para el partido junto al responsable de Explotación, Ignacio Oruezábal, una representación pírrica para el momento de máxima gravedad histórica que vive este Zaragoza y en el que el director general ni tan siquiera contempló, ya estaba previsto que no lo hiciera, dirigirse a la afición tras el partido. A López, cada vez más alejado de los focos y del club se le vio nada o casi nada por el hotel, tampoco en la mañana del lunes, tras una noche donde muchos en la expedición, por lo menos en el cuerpo técnico y en los auxiliares y médicos apenas pudieron conciliar el sueño.

Bajaron al desayuno los jugadores y después se retiraron a sus habitaciones o a las instalaciones comunes del hotel, mientras David Navarro o alguno de sus asistentes sí dieron un pequeño paseo, con pocas ganas de hablar en general, porque por el hall apenas se dejaron ver jugadores y técnicos en una mañana sin actividad a la espera del vuelo que debía salir con destino a Zaragoza pasado el mediodía y tras la comida de la plantilla en el hotel. Sí estuvieron algo más más visibles Cumic y Agada, ambos llegados en enero y de escasa participación, aunque los dos tuvieron la oportunidad de despedirse jugando, hasta de titular el serbio, dos de los muchos fichajes inexplicables en esta temporada horrenda y que estuvieron un buen rato por el hall. O algo menos Juan Sebastián y el meta Obón, pero poco o casi nada a la vista a la espera de un vuelo de regreso a Zaragoza de la isla que contempló la última desgracia zaragocista.

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