Una llegada al Real Zaragoza que cambió su historia. Agapito Iglesias, la leyenda negra cumple 20 años
Se cumplen dos décadas de la llegada de Agapito Iglesias, un punto de partida indiscutible del desastre actual. Llevó hasta 2014 al Zaragoza casi a desaparecer y condicionó mucho los años posteriores

Toda pesadilla tiene un inicio y la que vive el Real Zaragoza, con su descenso a Primera RFEF lo tuvo en la llegada de Agapito Iglesias hace hoy exactamente 20 años. La historia, lógicamente, ha tenido giros y cambios que pudieron evitar este desenlace, pero el punto de partida estuvo en la llegada de este constructor soriano y que llevó al club blanquillo a rozar un abismo de la desaparición en 2014, con una deuda monstruosa y una situación límite que después con la Fundación 2032, que sostuvo a una SAD herida de muerte, y con la actual propiedad, ese difuso conglomerado inversor que es Real Z LLC, no se ha podido levantar para caer a su peor momento histórico.
La leyenda negra comenzó un 26 de mayo de 2006 con la firma de la venta del 86% de las acciones del club por parte de Alfonso Soláns a los empresarios Agapito Iglesias (Codesport), un constructor de muy rápida prosperidad antes de llegar a la SAD, y Emilio Garcés (Tecnyconta), abonando 13 millones de euros por las acciones y haciéndose cargo de los 17 que Soláns tenía en avales. Venía el Zaragoza de una final de Copa del Rey perdida con el Espanyol, de un título copero histórico en 2004, de otro en 2001, de la época gloriosa antes de la Recopa y de solo un año de descenso desde que llegaron en 1992 las SAD al fútbol y Soláns Serrano se hizo con el club.
La llegada de Agapito, promovida por el Gobierno socialista, con Garcés como afín al PAR fue una operación impulsada desde la política que situó a Eduardo Bandrés, hasta entonces consejero de Economía de la DGA, como presidente. El desembarco tuvo todas las bendiciones, con Víctor Fernández de regreso como entrenador, con fichajes de relumbrón (Aimar, D’Alessandro o un joven Piqué) que se unían a una plantilla competitiva que encabezaban los hermanos Milito, César o Sergio García, pese a la venta que Soláns cerró antes de irse de Cani al Villarreal. Sin embargo, el proyecto no tardó en girarse y Garcés abandonó muy pronto por desavenencias para vender todas sus acciones a Agapito.
De la Champions al descenso
La primera temporada acabó en Europa, con un sufrido empate en Huelva con el Recre y la segunda, 07-08, con la imagen de fondo de la Expo se construyó con la mirada en la Champions y un proyecto mastodóntico, con una plantilla de 42 millones en salarios, la más cara en la historia. Arrancó con la marcha de Gaby Milito, ya pactada, al Barcelona, su relevo por Ayala, que había llegado gratis al Villarreal y que fichó por 6 millones, la apuesta por Oliveira, también la de Matuzalem acudiendo a un reglamento de la FIFA que se acabó por volver en contra y con un equipo que nunca fue tal y un vestuario roto y dividido para que Víctor fuera cesado en enero y llegara el descenso a Segunda unos meses después. De querer tocar el cielo al infierno en un año.
El descenso con la plantilla más cara no amilanó a Agapito, al revés, empezó a acumular deudas y a liberarse de las ataduras políticas. En diciembre de 2009 dimitió todo el consejo, escenificación clara de que el propietario se había echado al monte y no escuchaba a nada ni a nadie
El descenso no amilanó a Agapito, cada vez más descontrolado y liberado del poder político, cada vez más a su aire, el «compro pero no pago», que provocó casi la hilaridad de José Ramón de la Morena en una entrevista y el Zaragoza apostó por ejecutar la compra de Oliveira al Milan por 10 millones, tiró de talonario para fichar a Jorge López (3) y Arizmendi (4) y Marcelino García Toral llegó con un sueldo casi sin parangón en todo el fútbol profesional español en ese curso. Le costó al Zaragoza ese ascenso, teniendo que acudir a una segunda vuelta casi impecable, preludio de las posteriores donde buscaba la permanencia en Primera y los rivales ya empezaron a acuñar el «año a año el maletín salva al maño». De nuevo en la élite en 2009, traspasado Zapater al Genoa, con Gerhard Poschner como mano derecha de Agapito, aunque no tardaron en romper lazos, y con apuestas fallidas en los fichajes (Uche), Marcelino se marchó en diciembre, despedido, y solo dos semanas más tarde lo hizo en pleno todo el consejo, escenificación clara de que el propietario se había echado al monte y no escuchaba a nada ni a nadie.
El amaño de partidos
Agapito asumió la presidencia, con Gay y Nayim y siete fichajes en enero el equipo se salvó y el TAS tras los recursos del Shakhtar Donetsk fijó en 13,8 millones (11,8 más intereses) el fichaje de Matuzalem después de una hilarante opción de compra en su cesión a la Lazio. Mientras, la deuda crecía, hasta 145 millones en 2011 para declarar el concurso de acreedores, que todavía está sin liquidar y del que se salió e un solo año, y llegaba la salvación en el Ciudad de Valencia en 2011 que provocó el juicio en Valencia por el amaño del partido ante el Levante tras denunciar LaLiga y el Deportivo, que tuvo lugar en 2019 y que acabó en la absolución de todos los jugadores primero y tras el recurso en la Audiencia Provincial de Agapito y Javier Porquera, su hombre de confianza en esa época en el Zaragoza junto a Luis Carlos Cuartero y el siempre leal al club Francisco Checa. La capacidad para ganar juicios y salir indemne, por cierto, en Agapito Iglesias ha sido en los últimos años una de sus grandes virtudes.
Otra permanencia agónica en la 11-12, con Manolo Jiménez, esta más que ninguna, cuando el concurso rebajó la deuda a 92 millones, aunque pronto volvería a subir, fue el preludio de la temporada en la que el Zaragoza se dio de bruces con el descenso a Segunda, con Agapito ya desde hace tiempo sin ir al estadio, situando en la presidencia a Fernando Molinos, con la afición movilizada (concentraciones, Movimiento Avispa, Agapitadas, Agapiradas...) y un clima social del todo insostenible.
Agapito promovió una operación en la que traspasaba sus acciones a un grupo de intermediarios liderados por Mariano Casasnovas y Javier Lasheras, donde ya estaba Forcén, como puente para vender a los Lobato Blanco, una familia mexicana con la que firmó un principio de acuerdo que LaLiga tumbó
La llegada de Pitarch
LaLiga, tras ese descenso, impuso a Agapito a García Pitarch como director general del Zaragoza y el constructor, cada vez más acorralado, comenzó a dibujar ya la venta del club, donde también se pudo postular el propio Pitarch para adquirir las acciones representando a un fondo.
Los planes de Agapito eran otros y promovió una operación en la que traspasaba sus acciones a un grupo de intermediarios liderados por Mariano Casasnovas y Javier Lasheras, donde ya estaba Forcén, como puente para vender a los Lobato Blanco, una familia mexicana con la que firmó un principio de acuerdo que LaLiga tumbó.
"Salvando al Zaragoza», fue su tuit un 22 de julio de 2014 antes de donar sus acciones, el 90,72% que ya controlaba, entre la Fundación (72%) y abonados y accionistas. Si lo salvó es porque casi lo mató
El Zaragoza, por entonces, junio de 2014, se desangraba y caminaba hacia la desaparición, con una deuda disparada y sin margen para acometer los pagos inmediatos. Otro intermediario, Kadir Sheikh, tampoco fue solución de nada y sí la gestación, con el beneplácito de LaLiga, de la Fundación Zaragoza 2032, con César Alierta como cabeza visible en un grupo donde estaban también Carlos Iribarren, la familia Yarza... y Forcén. «Salvando al Zaragoza» fue su tuit un 22 de julio de 2014 antes de donar sus acciones, el 90,72% que ya controlaba, entre la Fundación (72%) y abonados y accionistas.
Aseguró entonces haberlo salvado, pero dejó al club con 106 millones de deuda, algunos más bajo las alfombras, muchos de ellos (30,5) con Hacienda, con una sanción de LaLiga y al borde de la disolución. Si lo salvó fue porque casi lo mató en ocho años terroríficos impulsados desde el poder político en sus inicios y que provocaron una etapa de penurias con la Fundación, que pudo mantener con vida al Zaragoza antes de su venta en 2022 a Real Z LLC, que le ha colocado en la tercera categoría del fútbol español pese a que el club haya reducido su pasivo a niveles anteriores a la época de Agapito. Los ocho años que casi hacen desaparecer al Zaragoza, el inicio hace 20 de una leyenda negra de la que el club no se ha recuperado.
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