El escudo llama dos veces: los otros regresos al Real Zaragoza con el corazón como el de Ander Herrera
Víctor Muñoz volvió para salvar al equipo en la 90-91, justo antes de la promoción contra el Murcia, y Cani y Zapater son otros ejemplos

Cani y Zapater se abrazan en el acto de despedida del mediapunta del Real Zaragoza. / Ángel de Castro
El fútbol es un deporte pasional, de la sinrazón, de sentimiento puro, de amor incondicional que crece, sobre todo, cuando la situación más duele. Que se lo digan a cualquier zaragocista de cuna. Te animaré cuando menos lo merezcas, porque será cuando más lo necesites. Decía Eduardo Galeano que "un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol". Ese amor es para siempre, aunque duela.
La relación entre Ander Herrera y el Real Zaragoza ha tenido numerosos vaivenes y parecía, incluso, que el divorcio era total. Pero el canterano siempre ha mostrado su deseo de regresar a casa y ayudar, sea en el césped o fuera de él. Y aunque dolió que se marchase a Boca Juniors y seguramente cuando vuelva dará las explicaciones oportunas, Ander quiere volver y ese es el primer paso para reconciliarse con una parte de la grada que le cogió tirria. Porque para regresar en Primera RFEF hay que querer, sobre todo por los parámetros económicos.
Ander quiere volver. Y va a hacerlo. Igual que regresaron otros jugadores históricos del Real Zaragoza, futbolistas con un caché superior al momento deportivo que vivía la entidad, pero que, como se suele decir, bajaron a mancharse de barro para defender el escudo de su pecho sin mirar el salario, por sentimiento. Muchas leyendas de muchos clubs no lo hacen ni lo hicieron, pero el club blanquillo tiene el honor de que haya varios casos, como por ejemplo el Real Oviedo tiene los ejemplos de Esteban, Michu o Cazorla, Las Palmas el de Valerón o el Racing de Santander el de Pedro Munitis.
Víctor Muñoz, tras una carrera muy prolífica en el Barcelona y la Sampdoria y tras ser campeón de Liga, de la Recopa, Copa de la Liga, Copa del Rey o campeón de Copa en Italia, estaba en el St. Mirren escocés, pero no dudó en regresar al Real Zaragoza a finales de la campaña 90-91, con el club luchando por no descender a Segunda División.
Disputó cuatro jornadas, con tres victorias y un empate, pero agrandó su leyenda siendo muy importante en la histórica promoción contra el Murcia, especialmente en un partido de vuelta en el que se vació y entregó su último servicio a su Real Zaragoza como futbolista, aunque acabó expulsado. Fue el mismo corazón que le hizo regresar como entrenador en Segunda tras haber ganado la Copa del Rey del 2004. De un Real Zaragoza grande y campeón a otro que sufría en Segunda.

Miguel Pardeza y Víctor Muñoz, en un Real Zaragoza-Atlético de Madrid. / Ángel de Castro
Cani y Zapater, aunque con historias distintas, protagonizaron dos regresos que dispararon la ilusión del zaragocismo en el verano del 2016. El mediapunta fue vendido por 8,4 millones al Villarreal en el verano del 2006 y tras jugar Champions y Europa League, e incluso en Segunda con el submarino amarillo, jugó un año en el Atlético de Madrid y otro en el Deportivo de La Coruña antes de emprender su regreso a casa para intentar el ascenso.
Zapater, tras ser vendido al Genoa por 4,5 millones y marcharse entre lágrimas, jugó en el Sporting de Portugal y el Lokomotiv de Moscú, aunque en Rusia sufrió una persistente lesión en el pubis que le mantuvo dos años casi sin jugar y que casi le cuesta la carrera futbolística.
Entrenó en la Ciudad Deportiva durante semanas empeñado en regresar y teniendo muy claro que, si ocurría, sería con la camiseta de su Real Zaragoza, al que defendió hasta los 38 años y, como él mismo decía, disfrutando cada segundo. "Mi ilusión era volver a jugar en Real Zaragoza. Yo miro más allá de poder ayudar al club que me lo ha dado todo. Nadie puede dudar de eso en el caso de Cani y de mí", aseguró en una entrevista con este diario en 2016. Y en su presentación lo dejó clarísimo: "Para mí esto es un regalo que me da la vida".

Víctor Fernández no pudo contener las lágrimas en su última presentación como entrenador del Real Zaragoza. / Miguel Ángel Gracia
Aunque no son una flecha directa al corazón como los anteriores, hay otros casos de jugadores que volvieron con menos caché y en otro momento deportivo. Esnáider, tras tocar el cielo con la Copa del Rey del 94 y la Recopa, regresó un año cedido, donde ganó la Copa del Rey del 2001, aunque no jugó, como en el 94, por sanción. Tenía 27 años. O Carlos Diogo, que sin ser una leyenda zaragocista ni canterano volvió dos años después de su salida y se retiró en Zaragoza, aunque su caso no es comparable.
A nivel de entrenador, aparte de Víctor Muñoz, hay que mencionar a Víctor Fernández, que volvió dos veces en Segunda División para tratar de salvar la categoría, la primera en 2018 y la segunda en 2024, aunque no culminó su sueño de devolver a su equipo a la élite.
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