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La opinión de Sergio Pérez

El próximo presidente del Real Zaragoza y la incomparecencia de Real Z LLC

Más de un mes después del descenso, nadie de la propiedad de la SAD ha sido capaz de dar la cara como hubiera correspondido. El club sigue buscando sustitutos para la dirección general y un nuevo presidente

Jorge Mas responde a las preguntas de los medios de comunicación en una de sus visitas a Zaragoza.

Jorge Mas responde a las preguntas de los medios de comunicación en una de sus visitas a Zaragoza. / REAL ZARAGOZA

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Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

El Real Zaragoza descendió a Primera RFEF el 24 de mayo pasado después de empatar a un gol en el campo de Las Palmas. Fue el epílogo a una temporada catastrófica desde todos los ángulos, muy especialmente si la mirada se ciñe al ámbito deportivo: fueron lamentables las elecciones de entrenadores, de los jugadores que configuraron la plantilla, las decisiones de club en momentos determinantes de la temporada, la falta de acierto para corregir el rumbo y el despilfarro de un importante caudal económico.

Cuando el Real Zaragoza bajó en Las Palmas, la Liga ya se había llevado por delante a un director deportivo y a tres técnicos, el cuarto fue el que tuvo el deshonor de estar en el banquillo el día de autos. Posteriormente, la fortísima tormenta arrasó con Fernando López, director general de la SAD desde 2024, cuando Raúl Sanllehí dejó el cargo tras solo dos años.

El plan 2027, diseñado por la SAD como un horizonte de esperanza para hacer confluir los éxitos deportivos soñados con la inauguración del estadio, saltó por los aires. La construcción de la Nueva Romareda sigue su curso en tiempo y forma, empujada por el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza. Desde el día del descenso hasta hoy, ningún dirigente autorizado de la SAD le ha hablado a la afición de manera directa, poniendo su cara y su cuerpo delante de esta catástrofe deportiva. No ha habido el arrojo profesional suficiente.

El presidente del Real Zaragoza, en una Junta General de Accionistas.

El presidente del Real Zaragoza, en una Junta General de Accionistas. / ÁNGEL DE CASTRO

Todo lo que se le ocurrió a Jorge Mas, el presidente ausente, fue hacerse una autoentrevista en los canales oficiales del propio club para excusarse, excusar a sus compañeros, decir que no habían estado a la altura deportivamente (el matiz es muy importante), anunciar que acudiría a una ampliación de capital junto a Juan Forcén (al final de 20 millones, de los que a día de hoy todavía se desconoce su reparto) y reafirmar el compromiso de la propiedad con el proyecto. Y con el nuevo estadio, faltaría más. Todo de manera absolutamente gélida e impersonal.

Lo suyo hubiera sido volar hasta Zaragoza, poner el pecho, ser valiente, apechugar con la situación, responder a lo que fuera menester y seguir adelante. Es decir, ejercer de presidente en cuerpo y alma. La sensación de orfandad sigue siendo absoluta alrededor del Real Zaragoza, que aún no ha hecho oficial el sustituto de Fernando López en la dirección general ni quién será el nuevo presidente. En esa búsqueda continúan afanados los mismos que han manejado los hilos hasta ahora en la SAD, algo normal porque quien invierte el dinero quiere luego manejarlo. Lalo Arantegui, la figura más limpia de todas cuantas hay ahí dentro ahora mismo, ha sido el portavoz obligado. Seguramente le hubiera gustado que alguien le precediera. Hubiese sido lo adecuado.

Lo ocurrido ya no tiene solución. Lo importante es que en adelante la propiedad ponga los pies en la tierra, salga de la burbuja en la que estaba metida, haga la imprescindible autocrítica (algo difícil en gente con tanto poder) y sea capaz de enmendar la dirección de su camino, con nuevas caras relacionadas con la ciudad, mejor tino, otro impulso social y soluciones efectivas a los numerosos problemas que ha creado.

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