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Cuarto cambio de propiedad en el Real Zaragoza en 20 años: las claves de dos décadas convulsas

Agapito Iglesias, entre 2006 y 2014, la Fundación, hasta 2022, y Real Z, en los cuatro últimos años, preceden a A.GAIN como máximos accionistas en cuatro lustros convulsos y nefastos deportivamente para el club. Desde la conversión en SAD en 1992 hasta la llegada del empresario soriano, 14 años, solo hubo una propiedad, la de la familia Soláns

Juan Forcén y Jorge Mas, en la Ciudad Deportiva en 2022.

Juan Forcén y Jorge Mas, en la Ciudad Deportiva en 2022. / ANGEL DE CASTRO

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Santiago Valero

Santiago Valero

La llegada de A.GAIN, grupo inversor internacional respaldado por IDC Network, que se hace con el control de la mayoría accionarial del club, con el 75% de las acciones del Real Zaragoza ahora, aunque tras la ampliación de capital, de unos 20 millones (ahora es de 49,015) se quedará en un 60% y entre Jorge Mas y Juan Forcén tendrán el restante 40%, supone el cuarto cambio de propiedad en el club en 20 años, desde la llegada de Agapito Iglesias a la entidad, en 2006, para que en 2014 arribara la Fundación Zaragoza 2032 con el club al borde de la desaparición y, en mayo de 2022, Real Z LLC, los propietarios hasta ahora.

Vive tiempos convulsos el Zaragoza, que en los 14 años desde que llegó la ley de SAD que obligó a la mayoría de clubs a dar ese paso en 1992 solo estuvo en manos de la familia Soláns, del padre primero y del hijo después. En ese periodo de casi tres lustros, solo un dueño, una Recopa (1995), tres Copas del Rey (94, 01 y 04) y solo un efímero paso por Segunda en la 02-03. Después, en cuatro lustros, cuatro propiedades, una eterna espiral de problemas, una agonía desde 2013 en Segunda y ahora, en la tercera caregoría del balompié español, la Primera RFEF, en el peor momento de la historia de la entidad. Por cierto, en tres de esas cuatro últimas propiedades ha estado Juan Forcén, un dato que no conviene olvidar y que remarca una pesada sombra en el triste devenir del club.

Agapito Iglesias, Alfonso Soláns y Emilio Garcés, en el traspaso de poderes en 2006.

Agapito Iglesias, Alfonso Soláns y Emilio Garcés, en el traspaso de poderes en 2006. / ROGELIO ALLEPUZ

La pesadilla tiene un inicio y fue el 26 de mayo de 2006 con la firma de la venta del 86% de las acciones del club por parte de Alfonso Soláns a los empresarios Agapito Iglesias (Codesport), un constructor de muy rápida prosperidad antes de llegar a la SAD, y Emilio Garcés (Tecnyconta), abonando 13 millones de euros por las acciones y haciéndose cargo de los 17 que Soláns tenía en avales. La llegada de Agapito, promovida por el Gobierno socialista, con Garcés como afín al PAR, fue una operación impulsada desde la política que situó a Eduardo Bandrés, hasta entonces consejero de Economía de la DGA, como presidente. Sin embargo, el proyecto no tardó en girarse y Garcés abandonó muy pronto por desavenencias para vender todas sus acciones a Agapito.

La primera temporada acabó en Europa, con un sufrido empate en Huelva con el Recre y la segunda, 07-08, con la imagen de fondo de la Expo se construyó con la mirada en la Champions y un proyecto mastodóntico, con una plantilla de 42 millones en salarios, la más cara en la historia. Finalizó en descenso, pero eso no amilanó a Agapito Iglesias, cada vez más descontrolado y liberado del poder político, cada vez más a su aire, tiró de talonario y al Zaragoza le costó ese ascenso, con una segunda vuelta impecable. En 2009 el consejo de Bandrés, escenificación clara de que el propietario se había echado al monte y no escuchaba a nada ni a nadie, dimitió en pleno para que Agapito fuera presidente y consejero delegado.

Mientras, la deuda crecía, hasta 145 millones en 2011 para declarar el concurso de acreedores, que todavía está sin liquidar y del que se salió en un solo año, y llegaba la salvación en el Ciudad de Valencia en 2011 que provocó el juicio en Valencia por el presunto amaño del partido ante el Levante. Varias permanencias agónicas, hasta tres (10-13), fueron el preludio del descenso, en medio de un clima social irrespirable e insostenible, con Agapito ya desde hace tiempo sin ir al estadio, situando en la presidencia a Fernando Molinos, con la afición movilizada.

Agapito Iglesias, durante una entrevista.

Agapito Iglesias, durante una entrevista. / EL PERIÓDICO

LaLiga, tras ese descenso, impuso a Agapito a García Pitarch como director general del Zaragoza y el constructor, cada vez más acorralado, comenzó a dibujar ya la venta del club, donde también se pudo postular el propio Pitarch para adquirir las acciones representando a un fondo. Los planes de Agapito eran otros y promovió una operación en la que traspasaba sus acciones a un grupo de intermediarios liderados por Mariano Casasnovas y Javier Lasheras, donde ya estaba Forcén, como puente para vender a los Lobato Blanco, una familia mexicana con la que firmó un principio de acuerdo que LaLiga tumbó.

El Zaragoza, por entonces, junio de 2014, se desangraba y caminaba hacia la desaparición, con una deuda disparada y sin margen para acometer los pagos inmediatos. Otro intermediario, Kadir Sheikh, tampoco fue solución de nada y sí la gestación, con el beneplácito de LaLiga, de la Fundación Zaragoza 2032, con César Alierta como cabeza visible en un grupo donde estaban también Carlos Iribarren, la familia Yarza... y Forcén. Con Christian Lapetra como nuevo presidente, Agapito donó sus acciones, el 90,72% que ya controlaba, entre la Fundación (72%) y abonados y accionistas.

La llegada de la Fundación

Aseguró entonces haberlo salvado, pero dejó al club con 106 millones de deuda, algunos más bajo las alfombras, muchos de ellos (30,5) con Hacienda, con una sanción de LaLiga y al borde de la disolución. La Fundación cogió a un club en estado crítico y logró ir rebajando la deuda, que era de 69,7 millones cuando vendió el club a Real Z LLC. Tres ascensos se rozaron con los nuevos propietarios, en 2015, donde se quedó el Zaragoza a siete minutos en la final en Las Palmas, en 2018, cuando llegó lanzado a la promoción y cayó con el Numancia, y en 2020, donde el covid lo cambió todo.

Alierta y los patronos de la Fundación, además de christian lapetra, en 2017 con natxo González.

Alierta y los patronos de la Fundación, además de christian lapetra, en 2017 con natxo González. / JAIME GALINDO

Sin embargo, las disensiones en la Fundación y la falta de recursos obligaron a una venta, fallida en 2021 con Spain Football Capital, un fondo inversor que también venía de la mano de Yarza y Forcén, y con intentos como los de Ander Herrera y César en 2019 con una ampliación de capital de por medio o un año y medio después entrando solo en la gestión. Hubo otras opciones de compra que no se conocieron, pero que estuvieron latentes.

Venta obligada

A finales de 2021 la situación se hizo insostenible y la venta era obligada. Real Z fue la opción de Yarza y Forcén, el Grupo Orlegi, ahora en el Sporting, también trabajó la compra y hasta el último momento, hasta el esprint final, hubo una alternativa que encabezaba César Sánchez con un potente fondo inversor detrás. Se impuso la vía de Forcén. Nada nuevo bajo el sol, con un pleno respaldo político, en este caso del gobierno popular, como se demostró en la Nueva Romareda. Eso sí, la distancia entre los propietarios y ese partido ha aumentado en los últimos tiempos. El palco del estadio da buena fe de ello.

Era Real Z un conglomerado de cinco sociedades: Global Tavira SL, con Pablo Jiménez de Parga y Joseph Oughourlian, Real Ventures, con Jorge Mas, designado presidente, y Mark Affolter de Ares ManagementZFútbol LLC, con Jim Miller, también consejero de Ares, y Affolter, Riverside LLC, deJames Carpenter, fundador de RMG Capital, y Sport Around The World, con Juan Forcén. Real Z adquirió el 91% de las acciones comprándolas por unos 9 millones a Alierta (la parte mayoritaria, unos 8), a Carlos Iribarren y a la familia Yarza. La nueva propiedad tenía una vinculación más que estrecha y evidente con el Atlético y con Gil Marín, que impuso en el consejo a Mariano Aguilar y Emilio Cruz.

Nefasta gestión deportiva

La actual propiedad hasta este martes ya sumaba cinco ampliaciones, de 14,6 millones, 6,7, 5,1, 12,1 y 4,029, todas por compensación de créditos. Cuando Real Z llegó a la entidad el capital social estaba en 6,36 millones y lo ha subido por valor de 42,7 hasta llegar a los 49,01 actuales. Además, canceló deuda del concurso por valor de 9,5 millones, pagándola entre el 45 y el 55%, y una empresa cercana al grupo, donde no es difícil saber su origen, adquirió la del Shakhtar y el Milan, unos 7. Tras el descenso a Primera RFEF en cuatro años terribles en lo deportivo, nefastos con un desfile de directores generales (2), deportivos (4), entrenadores (8) y jugadores, la propiedad sacó pecho de los 65 millones invertidos y de una deuda reducida por debajo de los 40 millones (39,7) a 30 de junio de 2025, pero la situación deportiva, nefasta, lo tapa todo.

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