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El beso al beso del jugador del Real Zaragoza Hugo Pinilla: amor de madre

El canterano nunca fue amigo de los tatuajes, pero venció sus reticencias para grabarse en el brazo una foto de niño dándole un beso a su madre, fallecida en marzo, a la que tributó el tanto ante el Utebo y todos los que vendrán

Hugo Pinilla se besa el tatuaje de la foto con su madre tras marcar ante el Utebo.

Hugo Pinilla se besa el tatuaje de la foto con su madre tras marcar ante el Utebo. / Jaime Galindo

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Jorge Oto

Jorge Oto

Boltaña

A Hugo Pinilla nunca le gustaron los tatuajes. De hecho, siempre tuvo claro que no se haría uno. Nunca fue un tema de conversación en casa, simplemente, por una cuestión de gustos. A Pini lo que le ha llevado siempre de cabeza ha sido el balón, nada más. Y con él lo tenía todo. Lo de los tatuajes, para otros.

Pero la desgracia lo cambió todo. La muerte de su madre, el pasado mes de marzo, hizo cambiar de idea al canterano, que venció sus reticencias para tomar una decisión destinada a llevar a Cris, su madre, siempre consigo. Así que recuperó una foto de niño en la que aparecía dándole un beso para pedir al tatuador que la llevara a su brazo derecho. Dicho y hecho.

Aquel beso irá siempre con Hugo. «Te amo y me guías», escribió el talentoso mediapunta en sus redes sociales tras marcar, el pasado miércoles frente al Utebo, su primer gol desde entonces. En un amistoso de pretemporada, sí, pero destinado a ser el primero de otros. Y todos seguirán el mismo ritual sagrado exhibido por Pinilla el miércoles tras mandar a la red un gran servicio de Pereira. Brazo en alto, dedo hacia el cielo y beso al beso. A flor de piel. «Muchas mujeres hicieron el bien, más tú sobrepasas a todas», completó Pini el texto que acompañaba a esa foto que tanto deseaba.

El gesto emociona casi tanto como la entereza del aragonés durante y tras el proceso que acabó con el fallecimiento de su madre. Apenas faltó a un entrenamiento y acudió al velatorio desde la Ciudad Deportiva. Arropado por todos sus compañeros y cuerpo técnico, fue titular, unas horas después del sepelio, en Cádiz, donde contribuyó a sumar una victoria que, paradójicamente, devolvía la vida a uno de sus amores, el Real Zaragoza. «La vida es para los valientes», dijo después del encuentro en una frase lapidaria que ya es historia. «No es mía, me la escribió mi amigo y compañero Pablo Cortés (ahora en el Deportivo B) después de que pasara todo aquello, me gustó y decidí usarla», recuerda Pinilla.

20 años

Han pasado cinco meses desde que Cristina se marchó. Y han pasado muchas cosas, pocas buenas. El Zaragoza ha caído fuera del fútbol profesional sin que Hugo pudiera evitarlo, aunque, al menos, el canterano sí cumplió uno de sus grandes sueños: ser futbolista profesional del Real Zaragoza y debutar con el primer equipo en el que hace tiempo que es uno más.

Ahora, de hecho, luce el 10, un dorsal asociado al talento, la magia y el duende. Desde arriba, Cris asistirá orgullosa a la evolución, en todos los sentidos, de Hugo, su niño, al que, con apenas 20 años, le han pasado muchas cosas. Demasiadas. Mientras, él seguirá jugando al fútbol junto a Ander, uno de sus ídolos y ahora compañero de vestuario y de habitación. Y cada noche, antes de cerrar los ojos, se besará el brazo derecho para decirle a su madre que, juntos, serán imparables.

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