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La opinión de Sergio Pérez

Las claves del 'caso Francho' y el mal negocio para el Real Zaragoza

El traspaso de Francho al Getafe ha sido una buena operación para el jugador y mala para el club, que pierde un activo futbolístico y no gana dinero

El vídeo de despedida del Real Zaragoza a Francho Serrano

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Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

La semana pasada, el Real Zaragoza hizo oficial el traspaso de Francho Serrano al Getafe. Dos días después, el canterano debutó como titular en la victoria del equipo madrileño contra el Partizan de Belgrado en la Conference League. Hizo un gran partido. Fue llegar y besar el santo. El Getafe de Pepe Bordalás puede venirle a Francho como un anillo al dedo por sus condiciones futbolísticas, basadas en el físico, la verticalidad, la repetición de esfuerzos y la aceleración.

Francho se fue de Primera RFEF a Primera División, un salto deportivo extraordinario entendible para cualquiera que quiera entenderlo. El excapitán, una figura con características personales para haberse convertido en un ‘one club man’, llevaba toda su vida en el Real Zaragoza, desde bien chiquitito hasta los seis últimos años en el primer equipo. En esta época de penurias por los bajos fondos del fútbol, Francho se había convertido en una referencia. En un símbolo de esta era. En otra de mayor brillo, las cosas seguramente hubieran sido de manera diferente. Su compromiso fue el máximo.

El profesionalismo extremo del fútbol siempre provoca que este tipo de casos acaben de la misma manera. El negocio está en que las piezas se muevan constantemente, no en que estén quietas. Toda la arquitectura laboral y financiera que hay alrededor de los futbolistas tiene siempre un hambre voraz y hay que alimentarla. Los clubs de menor categoría no pueden frenar proyectos de vida ni competir contra peces más grandes. Ni los jugadores pueden renunciar a pasos que suponen crecimientos muy significativos a título particular.

Francho junto a Mojica y Zaid celebra el 3-1 del Getafe.

Francho junto a Mojica y Zaid celebra el 3-1 del Getafe. / Europa Press

Era extremadamente difícil, por no decir imposible, que el caso de Francho acabara bien. Había una cantidad de dinero por el medio demasiado importante para que no generara incomodidad en un lado u otro de la orilla. Es lo que al final ha sucedido. El final de esta historia no ha sido como debía de ser, si es que eso era posible.

En la presentación de Joaquín Delgado y de Peter Ademo, Lalo Arantegui mandó la pelota al tejado del futbolista. “Su voluntad era salir del Real Zaragoza, el club iba a cubrir su salario”, dijo. La cuestión es que la SAD lo ha vendido a un equipo de Primera División en una operación con un rendimiento económico realmente bajo. Nada que ver con lo sucedido con Ale Gomes este verano en un traspaso con unos números magníficos para un futbolista con poca presencia todavía al máximo nivel o, anteriormente, con hombres como Alejandro Francés o Iván Azón, que acudieron a la llamada de clubs de primera línea con salarios de primera línea.

Más allá de declaraciones políticas y de que cada parte dirá lo que le interese, la incomodidad que le ha provocado el caso Francho al Real Zaraogza ha sido manifiesta desde el principio del verano. Su resolución ha sido una venta. Muy buena para el canterano y peor, porque podría haber sido mejor desde el punto de vista económico y de la gestión social, para los responsables del club. Además de la evidente pérdida de un activo. Francho es un buen jugador de fútbol.

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