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La pretemporada de claroscuros del Real Zaragoza

La eficacia o los canteranos están entre las notas más positivas, aunque la defensa, los errores individuales y el menor dominio a lo esperado son aspectos a mejorar cuanto antes

Ibai Gómez, el pasado viernes en el banquillo del Ibarcaja Estadio junto a 'Larri'.

Ibai Gómez, el pasado viernes en el banquillo del Ibarcaja Estadio junto a 'Larri'. / Pablo Ibáñez

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Zaragoza

Terminó la pretemporada más larga del Real Zaragoza en las últimas temporadas, un casi sinfín de pruebas, con dos semanas incluidas en las que hubo encuentros con 24 horas de margen y en las que Ibai Gómez ha podido probar de todo. El balance general para el técnico ha sido “muy bueno”, aunque reconoció que “todavía estamos lejos de nuestro techo”. “O eso espero”, puntualizó. Y no le falta razón, porque si algo ha evidenciado este periodo estival es que el engranaje está poco engrasado todavía, aunque es totalmente lógico al tratarse de un equipo totalmente nuevo y con un cuerpo técnico distinto.

Los trabajos estivales suelen ser una horrible vara de medir. El curso pasado, el Real Zaragoza venció todos sus amistosos, sin excepción, y después la Liga fue un dolor constante hasta el descenso. Y en esta pretemporada, el Real Zaragoza ha tenido varios claros y otros tantos oscuros más allá del poco representativo resultadismo que tanto cunde en este periodo del año.

Quizá lo mejor que ha tenido el Real Zaragoza durante la recién terminada pretemporada ha sido la eficacia, una dinamita arriba de muchos jugadores que ha logrado desatascar partidos, todo lo contrario de lo que sucedió durante la infame temporada pasada, cuando ni jugando bien ni haciéndolo mal había para rascar. Así terminó la película.

13 goles en ocho encuentros, diez anotadores distintos, Pau Sans reencontrándose, Cuenca avanzando en definición, Joaquín Delgado ilusionando desde el primer minuto y demostrando que tiene madera de killer e Iker Vadillo tirando la puerta.

Precisamente este último es, sin duda, una de las grandes notas positivas de la pretemporada, lo mismo que Diego Monzón, Jaime Tobajas y Lalo Arantegui. No solo han tenido minutos, es la incidencia que han tenido en el juego y en los goles. La irrupción de Vadillo hace dudar mucho a la dirección deportiva de si hay que fichar a otro extremo en el tramo final del mercado, Tobajas ha demostrado que está para aportar desde ya mismo y en Monzón hay madera de muy buen futbolista. Y Lalo también ha mostrado ser un futbolista de crecimiento y que puede aportar.

Mención aparte para un Lucas Terrer que ya es del primer equipo, pero cuya pretemporada ha sido lo que justo se esperaba de él, que diese un paso al frente en peso en el equipo y en hambre, lo mismo que tendrá que hacer Hugo Barrachina en un puesto que tiembla como es el de central. En otros gigantes caídos como el Deportivo de La Coruña o el Málaga el descenso a Primera RFEF abrió la puerta a canteranos que ahora son estrellas. Ese es el camino. Y otro apunte, es que hay portero con Sem Westerveld. La competición dictará sentencia, de todos modos.

Lo no tan bueno

En cuanto a lo menos positivo, Ibai Gómez quiere a un Real Zaragoza de presión muy alta y que robe arriba, lo cual está en el buen camino, pero la otra cara de la moneda, que es proponer juego, está todavía en pañales salvo algunos pasajes. Y en los encuentros en los que más balón y dominio ha tenido el equipo no ha conseguido la victoria.

Los errores individuales es otro de los grandes debes. Saidu regaló un tanto al Barbastro en una mala cesión, Westerveld falló ante el Deportivo Aragón, Tachi estuvo lento ante Iker Gil contra el Barbastro también y ante el Bilbao Ahtletic en el gol, Anartz Peña también pudo hacer más contra el Andorra y sobre todo ante el Logroñés y, ante el Numancia, fue Espiau el que falló en un pase fácil.

La sensación es que, aun entrando dentro de la normalidad por la altura de la temporada que es, se trata de un número excesivo de fallos y muy evitables la mayoría de ellos. Y también la fragilidad defensiva que ha mostrado, como si fuese el día de la marmota, una zaga a la que todavía le faltan dos piezas que deben ser diferenciales para no sufrir en demasía.

La falta de mordiente de los extremos es otro de los aspectos que tendrá que ir puliendo el equipo y especialmente Ibai Gómez. Más que un tema de falta de nivel, el juego del Real Zaragoza no ha estado encaminado a nutrirles de balones ni para encarar ni para combinar y las apuestas en esos puestos son de jugadores llamados a ser capitales para el ascenso.

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