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Guerra al hambre

Manos Unidas denuncia en su campaña para 2026 el vínculo indisoluble que existe entre el hambre, la pobreza y la violencia, y reclama al mundo que trabaje en la construcción de paz como mejor vía para acabar con la miseria y las desigualdades

Manos Unidas lucha contra la pobreza extrema en países como India.

Manos Unidas lucha contra la pobreza extrema en países como India. / JAVIER CUADRADO

El Periódico de Aragón

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Alrededor de 1.100 millones de personas viven en situación de pobreza multidimensional aguda en el mundo, más de la mitad niños. Y casi el 40% de ellas, es decir, 455 millones de seres humanos, residen en países con guerra, fragilidad o bajos niveles de paz. Además, la tasa de pobreza en países inmersos en conflictos armados (34,8%) es significativamente mayor que en países no afectados por la guerra (10,9%), según el Índice global de pobreza multidimensional (IPM), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2024.

Estos datos evidencian el indisoluble vínculo que la guerra mantiene con el hambre, la pobreza y la exclusión. Pero estos tres factores no son solo consecuencias de la violencia, sino también sus causas. Es un círculo que se retroalimenta. Los conflictos violentos revierten al instante décadas de progreso en la reducción de la pobreza. Pero, a su vez, el hambre y la miseria acaban abriendo de nuevo las puertas a la violencia.

Esta es la convicción que impulsa la campaña de Manos Unidas para 2026. Denominada 'Declara la guerra al hambre', es "una llamada urgente a combatir las causas profundas de la violencia y a apostar por un desarrollo justo como camino imprescindible hacia una paz real y duradera", explican desde esta oenegé católica. "El hambre es un arma silenciosa más letal que las armas de guerra, y que también se utiliza de forma estratégica en los propios conflictos armados", añaden.

La campaña, que se presentó este martes en Zaragoza, pone el énfasis en el desarrollo justo como camino para la paz, siguiendo la premisa de Benedicto XVI: "Combatir la pobreza es construir la paz". Retoma así la visión de Pablo VI en Populorum Progressio: "El desarrollo es el nuevo nombre de la paz".

El trabajo de Manos Unidas durante este año consistirá en compartir con la sociedad sus inquietudes, experiencias, conocimientos y alternativas en torno a tres retos mayores. Por un lado, tratará de atraer la atención sobre la situación de los conflictos olvidados, junto con cuestiones como el desarme o el comercio de armas.

La campaña también pondrá el foco en el paradigma de la paz, que plantea la convicción de que "un mundo en paz es más que un mundo sin guerras. Es un mundo de condiciones de vida digna para toda persona". Y, en tercer lugar, se centrará en la educación para la paz, «basada en valores fundamentales como la fraternidad, la justicia social, el cuidado de la creación y los derechos humanos».

Desde Manos Unidas señalan que "donde hay desigualdad, hambre y pobreza, la paz se vuelve frágil, y el futuro, incierto". Y recuerdan también que "la violencia no siempre llega en forma de guerra. En muchas partes del mundo, esa violencia es algo cotidiano: un plato vacío sobre la mesa, una escuela que cierra sus puertas, una familia que no puede garantizar un futuro para sus hijos... Es una violencia que no hace ruido, pero que condiciona miles de vidas y erosiona cualquier posibilidad de paz".

Por eso, a través de esta campaña, tratan asimismo de transmitir que "detener los conflictos armados no basta para conseguir una paz verdadera y duradera". La base para alcanzarla es "construir sociedades más justas e inclusivas, donde todas las personas tengan oportunidades y puedan vivir con dignidad. La paz es más que ausencia de guerra, exige educación, justicia social y derechos garantizados. Solo con un desarrollo integral y sostenible —con redistribución de la riqueza, cuidado del planeta y participación de la sociedad civil— la paz puede consolidarse".

De ahí que Manos Unidas siga acompañando en países del Sur global iniciativas que fomentan el desarrollo, evitando así la exclusión social, la profundización de las desigualdades económicas, la vulneración de derechos humanos o el incremento del hambre y la pobreza. Además, trabaja también allí donde el estallido violento no pudo evitarse, a través de la acción humanitaria, el apoyo a refugiados y desplazados, brindando atención social a las víctimas y reconstruyendo infraestructuras y servicios públicos.

"La paz es un reto universal y urgente que no puede esperar", subrayan desde Manos Unidas. "Es una responsabilidad compartida" y el resultado “de un desarrollo inclusivo que no deja a nadie en el olvido". Y concluyen que, "con esta campaña, queremos lanzar un mensaje claro: combatir el hambre y la pobreza es prevenir conflictos y construir paz".

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