La oxiuriasis, más conocidas como lombrices intestinales, no son otra cosa que un parásito, el enterobius vermicularis u oxiuro. La particularidad de este ‘bichito’ es que tiene un único huésped, el ser humano, y en especial, los más pequeños, los niños.  

Y aunque el intestino puede verse colonizado por este parásito a cualquier edad, la forma de contagio es la que determina que los niños sean sus favoritos.

Como explican desde la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), el contagio se produce porque las lombrices, que viven en el intestino, cuando se convierten en adultas se dirigen a la zona del ano y allí depositan sus huevos.

Estas larvas causan picor al niño que, lógicamente se rasca. Así los huevos se quedan en los dedos y debajo de las uñas, y si el niño se mete la mano en la boca y vuelve a iniciarse el ciclo. 

El problema, es que estos huevos también son diseminados por juguetes, superficies donde son capaces de sobrevivir durante dos o tres semanas. Pero hay más, “estos huevos “son muy ligeros y flotan en el aire”, explican desde la SEPEAP. Así que el contacto con estas superficies contaminadas o la inhalación de los huevos hace que las personas que rodean al niño ya sean adultos o menores, se contagien. 

Los huevos de las lombrices son diseminados por superficies donde son capaces de sobrevivir durante 2 o 3 semanas.

Qué molestias causan las lombrices

El síntoma que nos da más pistas de que el intestino del niño está colonizado por el oxiuro es el picor. Este prurito puede ser de tal intensidad que provoque que el niño esté irritable y que no duerma, puesto que el picor se acrecienta por las noches. 

Una visita al pediatra aclarará si el origen de los picores está causado por lombrices. En muchas ocasiones las lombrices adultas se ven a simple vista. Son como unos hilos blancos de entre medio centímetro y uno. 

Si no se detecta con la simple observación del niño, existe un procedimiento para determinar la presencia del parásito.

Es el test de Graham, una sencilla prueba en la que el profesional toma una muestra del ano con una cita adhesiva trasparente para poder observar si hay larvas o no. 

Cómo se trata la oxiuriasis

Afortunadamente no es una enfermedad grave y existen tratamientos antiparasitarios fáciles de tomar y muy eficaces.

La doctora M. Escorial Briso-Montiano explica que la toma de este fármaco “se realiza una vez y debe repetirse a las dos semanas (el más usado) porque no se destruyen los huevos y hay que eliminar las lombrices que se hayan desarrollado a partir de los huevos en ese periodo”.

La única pega de las lombrices es que el tratamiento debería tomarlo toda la familia del niño infectado, ya que es muy probable que ellos también estén infectados. 

La higiene de manos resulta esencial para evitar el contagio del parásito.

¿Qué hacer y que no ante las lombrices?

Existen algunos mitos en torno a este parásito y su presencia en los niños. Uno de los más populares es que tomar azúcar favorece su aparición. Pues bien, la doctora Escorial Briso-Montiano lo desmiente: “no existe ninguna relación causal entre la toma de golosinas y la aparición de lombrices”.

Así que para no perder el tiempo y los nervios con estos habitantes indeseados la experta de la SEPEAP explica qué hacer y qué no hacer.

Qué hacer

  • Iniciar el tratamiento cuanto antes.
  • Dar al niño una ducha diaria por la mañana.
  • Cambio diario de ropa interior, sábanas y toallas. 
  • Lavar toda la ropa (sábanas y toallas incluidas) a 60º “el primer día que tome la medicación y evitar sacudirla para no diseminar los huevos del parásito por el aire”.
  • Lavar las manos. El coronavirus nos da ventaja en esto, pero hay que insistir en caso de lombrices. 
  • Cortar las uñas y mantenerlas limpias. 

Qué no hacer

  • Cambiar la dieta o modificar las actividades que hace el niño. 
  • Evitar el contacto con otros niños. Si llevamos la higiene a rajatabla esto no será necesario. 
  • Por último, la doctora explica que no es necesario “esterilizar los juguetes, desinfectar los muebles o lavar excesivamente cortinas o alfombras”.