David Beckham, el futbolista más mediático, es un buen chico que nunca rompió un plato, que jugó con el scalextric hasta casi los 20 años y que soñaba con un Porsche, aunque se conformó con un Ford Escort. Además, sólo ha tenido dos amores: el fútbol y Victoria Adams. Eso se desprende de Mi vida (RBA), la biografía light escrita con Tom Watt que acaba de aparecer en España y en la que deja claro que en su historia no hay "violaciones, prostitución, drogas o estancias en reformatorios".

Victoria es el eje de buena parte del libro. Recuerda que se enamoró como un pardillo. "Me casé porque amo absolutamente todo lo que tiene que ver con ella: su físico, sus piernas, su personalidad, su sentido del humor". Dice que sintió que "la conocía y la comprendía mejor que a cualquier otra persona" de su vida.

Hechos "el uno para el otro", asegura: "Con Victoria he tenido la sensación de recibir justo lo que necesito". También confiesa lo inconfesable al rememorar ciertos consejos de ella. Victoria le dice: "No olvides llevarte la crema para las hemorroides. Pasas más tiempo en el banquillo que jugando. Lo siguiente serán almorranas. Y asegúrate de que sonríes en todo momento. Si te enfoca la cámara, nadie sabrá que algo va mal.". Con una mujer tan dedicada, no es extraño que el jugador asegure que su matrimonio "será eterno".

Con el fútbol, Beckham lo tuvo igual de claro. A los 3 años vestía con la camiseta del Manchester. Su padre, que se aseguraba de que siempre tuviera un balón en los pies, lo llevó a escuelas de fútbol. Su madre, peluquera, lo acompañaba a los partidos. En caso de no haber sido jugador, afirma que no sabe "qué habría sido", aunque recuerda que estuvo en el coro y que se le daba bien el dibujo de temas de "fútbol".

Infantil al rememorar encuentros con personajes como Nelson Mandela, Michael Jordan --al que quiso pedir un autógrafo en una servilleta-- y su ya amigo Elton John, Beckham se presenta como un padrazo con sus dos hijos.

Aunque merengue, el jugador habla de un lejano episodio barcelonista: "El Barcelona era realmente impresionante". Es un recuerdo de cuando tenía 11 años. Ganó un premio que consistía en 15 días de entrenamiento en el Camp Nou. "Me moría de ganas de llegar". Estuvo en la Masía, "un lugar en el que había nacido leyendas", aunque rememora las prostitutas de las inmediaciones.