En pleno 11 de octubre muchos ciudadanos de Nueva York revivieron ayer el fatídico 11 de septiembre del 2001, aunque parece ser que todo quedó un un gran susto. Una avioneta se estrelló contra un edificio de la isla de Manhattan de unas 50 plantas de altura, en la calle 72. Al parecer, el aparato colisionó en torno al piso 30 y provocó un importante incendio. Rápidamente se disparó la alerta máxima y se aplicaron todos los códigos de emergencia. Además, la zona tuvo que ser acordonada, ya que muchos restos del edificio caían sobre la acera.

Al cierre de esta edición los datos eran muy confusos --algunos testigos, por ejemplo, mantenían que el aparato estrellado era un helicóptero y no una avioneta--, pero las autoridades sí daban por descartado que se tratara de un ataque terrorista.

GRAN CONFUSIÓN Todos los indicios apuntaban a un accidente protagonizado por un pequeño aparato. También cundía la confusión respecto a las posibles víctimas, ya que mientras algunas cadenas de televisión estadounidenses daban por seguro dos fallecidos, otras hablaban de que varias personas se habían quedado atrapadas en algunos pisos y debían ser rescatadas por los equipos de bomberos.

La agencia federal (FBI) señaló que la aeronave viajaba por el corredor aéreo sobre el río Este, que bordea la isla de Manhattan, y que volaba bajo las reglas de "vuelo visual", que no precisan estar en contacto con los controladores de tráfico aéreo.

Los técnicos de la la Administración Federal de Aviación de EEUU (FAA, por sus siglas en inglés), por su parte, no había confirmado la ruta que seguía el aparato, ni el tipo de aeronave ni el número de pasajeros que viajaban en él.

El caos se adueñó de la zona desde el primer instante, ya que el siniestro coincidió en el tiempo con la salida de muchos escolares de sus respectivos centros, y también del resto de la ciudad, una vez que muchas televisiones locales interrumpieron sus programaciones para emitir en directo el desarrollo del incendio y sus posibles consecuencias. Por momentos parecía que las llamas se iban a extender a pisos superiores, pero al cierre de esta edición algunos despachos de agencias ya anunciaban que estaba prácticamente extinguido.

El presidente de EEUU, George Bush, fue informado en todo momento de los acontecimientos y su entorno hizo hincapié en que no se trataba de un ataque terrorista.