Regreso al pasado. El Papa prepara un documento en el que facilitaría la celebración de la misa tridentina, en latín, que fue restringida en el Concilio Vaticano II (1962-1965). Desde 1982, Juan Pablo II estableció que solo podría oficiarse el rito tradicional tras recoger firmas y obtener un permiso expreso del obispo de la diócesis. De concretarse esta decisión, se despejaría un obstáculo para que volviera a la obediencia del Papa el cisma lefebvriano. Los seguidores del fallecido arzobispo Marcel Lefebrvre, excomulgado en 1988 tras ordenar cuatro obispos sin el permiso de Roma, reniegan de las reformas del último concilio.

Según fuentes vaticanas divulgadas ayer por la prensa italiana, Benedicto XVI tiene previsto publicar antes de fin de año un Motu propio (texto escrito por iniciativa propia y no como respuesta a una solicitud) en el que planteará la eliminación de restricciones a la misa en latín de San Pío V, que se oficiaba antes del Concilio Vaticano II. La reforma de la liturgia tras el concilio incluyó la modificación de la misa para integrar en ella de forma más activa a los fieles, con el uso de la lengua de estos.

El texto está siendo estudiado aún por las diferentes congregaciones vaticanas para que hagan correcciones y sugerencias. De seguir adelante la idea de Ratzinger, la misa tridentina se podrá celebrar de manera "extraordinaria" y con una serie de condiciones, como ya se da con otros ritos latinos, como el mozárabe o el ambrosiano. Eso sí, no será necesaria ni la recogida de firmas ni el permiso del obispo.

200.000 SEGUIDORES Para los analistas de la curia, esta decisión podría tener como consecuencia el indulto para los cerca de 200.000 seguidores de la Fraternidad Sacerdotal san Pío X, conocidos popularmente como lefebvrianos. Este arzobispo francés, que fundó la orden en 1968 como protesta a las reformas aprobadas en el concilio de 1965, fue excomulgado por Juan Pablo II el 30 de junio de 1988 tras ordenar cuatro obispos no designados por el Vaticano.

Las conversaciones para recuperar a la organización se han intensificado últimamente. El 29 de agosto del 2005, el superior de la fraternidad, Bernard Fellay, fue recibido en audiencia por Benedicto XVI, y entonces ya se entrevió una mejoría en las relaciones.