Todo el vecindario escuchó ayer la fuerte discusión. Tras ella, Rocío E. V., de 29 años, murió estrangulada a manos de su compañero sentimental en su casa, ubicada en las afueras de Jaén. El agresor, de 35 años, confesó el crimen a su abogado y este le aconsejó que se entregara a la policía, cosa que hizo inmediatamente. El hombre pasará hoy a disposición judicial.

El suceso se produjo a primera hora de la mañana. La víctima, natural de Sevilla y que trabajaba como profesora en un colegio de la localidad jienense de Martos, y su compañero sentimental, M. J. O., de nacionalidad argentina, estaban desayunando en la casa en la que ella residía desde hace apenas un año. Por motivos que todavía se desconocen la pareja empezó a discutir. Las voces y los golpes que dio el joven en el mobiliario de la casa se oyeron en algunas viviendas cercanas, como relataron los vecinos poco después.

El agresor explicó que, en un momento de la discusión, se acercó a Rocío y la estranguló con sus manos. A continuación, y asustado por lo sucedido, avisó a su abogado, que le aconsejó que confesara el crimen y se entregara. El hombre, que no cuenta con antecedentes, se presentó en la comisaría de Jaén, donde ya le esperaba su letrado. Allí, contó lo ocurrido.

MUERTE POR ASFIXIA Sobre las 10.40 horas, la policía y la Guardia Civil se desplazaron hasta la vivienda para comprobar el relato del agresor. Al llegar a la casa, los agentes encontraron el cuerpo sin vida de Rocío, que trabajaba como profesora en un centro educativo en la cercana localidad de Martos. Los agentes avisaron al servicio de emergencias 061, cuyo personal se limitó a certificar la muerte de la mujer por asfixia. Su cuerpo fue trasladado al Instituto Anatómico Forense de Jaén para que la autopsia confirme la causa del fallecimiento.

Tras el asesinato, la delegada del Instituto Andaluz de la Mujer en Jaén, Natividad Redondo, confirmó que no había constancia de que Rocío hubiese denunciado con anterioridad a su compañero por malos tratos, aunque los vecinos de la víctima --que vivía sola aunque recibía frecuentemente la visita de un hermano-- destacaron que las discusiones entre la pareja eran frecuentes. "La casa estaba más aislada del resto, no se entendía lo que decían, pero se oían los golpes y las voces que daba él. Ella era toda dulzura y apenas se la escuchaba", explicó con consternación una vecina.

Otros inquilinos del inmueble comentaron que, hace poco tiempo, ambos decidieron separarse, aunque habían reanudado la relación.