La nueva terminal de Madrid-Barajas, la T-4, ya tiene premio. Y, además, internacional. La noche del sábado recibió el Stirling, que está considerado como el galardón más prestigioso de la arquitectura inglesa, concedido por el Instituto de Arquitectos Británicos. La obra de Richard Rogers compitió con otros cinco proyectos. El jurado se decantó por el proyecto del inglés, nacido en Florencia, porque "desde cualquier punto de vista, su perfil irregular y complejidad no puede ser subestimada".

La T-4, ahora reconocida desde el punto de vista arquitectónico, empezó a funcionar en febrero tras una faraónica inversión (6.200 millones de euros) que doblaba el presupuesto inicial. Una inversión que, por su magnitud, ha recibido mil y una críticas de las instituciones catalanas, que han denunciado que el dinero aportado a esta obra ha ido en detrimento de El Prat.

Fue una de las obras más emblemáticas del Gobierno del PP, pero, tras seis largos años de construcción, su inauguración corrió ya a cargo de José Luis Rodríguez Zapatero. Su estreno no pudo ser más caótico: centenares de pasajeros perdieron sus vuelos y decenas de aviones salieron de Madrid con retrasos. Cortes eléctricos, fallos informáticos y falta de transporte interno fueron las causas del fiasco. La instalación aeroportuaria tardó días en llegar a funcionar correctamente.

El premio Stirling, dotado con 20.000 libras (29.700 euros), fue recogido por Rogers, de 73 años, que, tras haberlo perdido en tres ocasiones, se mostró encantado. "Sin duda es el proyecto más apasionante en el que he trabajado desde hace décadas", subrayó. El pasado año, el premio fue concedido, a título póstumo, al arquitecto español Enric Miralles por el edificio del Parlamento de Escocia. En opinión del jurado, el trabajo efectuado por Rogers --un proyecto colorido de 1,2 kilómetros-- "consigue compatibilizar dos grandes retos, la eficacia en la gestión de los flujos de pasajeros en constante cambio y la de sus equipajes".