Nadie pudo percibir ni un ápice de sentimientos. Sin variación alguna en el tono, grave y plano, igual relató su formación en la academia de policía que la escena de su esposa y su suegra sin vida cosidas a puñaladas.

Josep Lluís Rua, mosso d´esquadra de 36 años, acusado de matar a su mujer y a su suegra en la casa donde vivían en Lli de Vall (Gerona) en mayo del 2004, declaró ayer en la primera jornada del juicio con jurado. El agente de la policía autonómica, que tiene la custodia de sus dos hijas de 4 y 7 años, negó ser el autor de los hechos con la simple pero contundente razón de que no estaba en la casa cuando se produjeron. "Salí a ver cómo iban las obras de la nueva casa que estábamos construyendo", dijo este hombre, mucho más delgado y demacrado que en el momento de su detención, horas después de entierro de su esposa. Coartada débil en tanto que ningún testigo puede corroborarla.

Era su día y lo aprovechó. Se explayó en detalles para intentar convencer al jurado de que fueron ladrones los que acabaron con la vida de sus dos familiares. Se enfrenta a una petición fiscal --a la que se adhiere la acusación particular-- de 50 años de prisión por dos delitos de asesinato. Su declaración también dejó patente una discusión con su esposa días antes del crimen en un interrogatorio donde la fiscalía quiso plantear un posible móvil económico.

Arrancaba así un juicio en el que uno de los pilares del derecho penal estará más presente que nunca: pruebas. "Lo tengo que probar". Es una de las primeras cosas que la fiscal planteó a los miembros del jurado para, a renglón seguido, asegurarles que, a lo largo de las dos semanas de vista, les demostrará que dispone de ese material. Testigos, arma homicida, restos de sangre y una exhaustiva investigación policial con reconstrucción virtual del crimen incluida.

"Mató a las dos mujeres y luego simuló un robo para confundir a los investigadores". Esta frase, pronunciada por el abogado de la acusación particular en su alegato inicial, concentra las tesis de la acusación. Los acusadores consideran que su condición de mosso le sirvió para alterar el escenario del crimen y lograr, precisamente, ponerles las cosas muy difíciles.

En este escenario, la defensa se frota las manos. "No es un miembro del CSI que sale por TV", alegó el abogado del agente en su primera toma de contacto con el jurado.

La principal carta de la defensa es un auto de la Audiencia de Barcelona en el que el tribunal, después de casi siete meses de prisión preventiva, dejó en libertad al acusado con el argumento de que las pruebas no son lo suficientemente concluyentes. Un análisis de ADN arrojó la conclusión de que un pelo hallado en el cadáver de una de las víctimas no es del agente acusado. Además, hay pisadas que parecen de diferentes personas.