Me tocó a mí como le podía haber tocado a cualquier otro", aseguró ayer la peluquera gallega Ana María Ríos Bemposta al regresar, "cansada pero contenta", a su Galicia natal procedente de México. Atrás quedan los 12 días que ha pasado retenida en Cancún, donde se le encontraron cartuchos y un supuesto detonador en su maleta. Entonces no pudo finalizar su viaje de novios, pero, ayer, en el aeropuerto de Santiago, revivió su reciente boda al tener que besarse con su marido ante los gritos de "viva los novios".

"Quizá fue una maniobra de despiste", apuntó Ana María. No le ve otra explicación a la aparición de ese material en su equipaje, que no llevaba candados. "No tiene sentido. Lo que me metieron en la maleta no tiene relación entre sí", dijo.

Apenas 30 minutos después de aterrizar en el aeropuerto de Lavacolla, en Santiago de Compostela, y "tranquila", aunque emocionada, la peluquera gallega explicó que posiblemente la semana próxima todo esté arreglado. "La próxima vez que vuelva iré sin maletas, pero de vacaciones", bromeó Ana María.

La joven relató que los dos primeros días de detención "fueron los peores", aunque aclaró que "estuvo bien atendida". Afirmó haber sentido, sobre todo, "impotencia" y elogió el trato recibido por parte del cónsul y del Gobierno español.

LOS TRES MOSQUETEROS En algún momento temió, según sus palabras, "que las cosas no saliesen bien", aunque destacó el apoyo del Consulado español, de la familia y de los demás presos. "Me pasó lo que me pasó, pero me trataron muy bien. Dejo allí a mis tres mosqueteros", como calificó a su abogado y a los dos miembros del cuerpo consular que la ayudaron. "Cuando me despedí de ellos, lloré", admitió.

Ana María llegó a Galicia pasadas las tres de la tarde sin la maleta de la discordia --la dejó en Cancún-- después de haber hecho escala en Madrid. En el aeródromo le esperaban más de un centenar de personas, la mayoría procedentes de su localidad natal, Canicouva, en Arcade (Pontevedra). Habían llegado en dos autobuses fletados para la ocasión.

En el aeropuerto se vieron rostros de alegría, ramos de flores, regalos y algún gesto de cansancio, ya que la noche anterior trascendió la noticia de que la joven podía regresar a Galicia y los festejos se prolongaron hasta avanzadas horas. "Estoy deseando llegar a casa", dijo Ana María. Y lo hizo en una limusina alquilada por sus allegados. En Canicouva estaba preparada una fiesta aún mayor, con confeti, globos, comida y el calor de los suyos.