El año 1996, 800 millones de personas pasaban hambre en todo el mundo. En la Cumbre Mundial de la Alimentación que se celebró ese año, todos los países del mundo se marcaron el objetivo de reducir esta cifra a la mitad en el año 2015. Hoy, 10 años después, no hay menos desnutridos en el mundo, sino más. Unos 854 millones de personas, según la FAO, cuyo director general, Jacques Diouf, denunció ayer que, cuando se está a mitad camino de la fecha límite para cumplir los objetivos de 1996, "la situación sigue siendo intolerable e inaceptable".

"Lejos de disminuir, el número de personas hambrientas está incrementándose a razón de cuatro millones al año", lamentó Diouf. A pesar de estas cifras, se han producido grandes avances.

A pesar de que porcentualmente la desnutrición en el mundo retrocede, el aumento global de la población ha hecho que las cifras absolutas de hambrientos prácticamente se mantengan (si se toma como referencia 1990 y se incluyen los buenos resultados de la primera mitad de la década siguiente) o crezcan (si se toma como punto de partida 1996). Mientras que, de seguir la evolución actual, el objetivo de que poco más de 400 millones de personas no pasen hambre no se conseguiría hasta el año 2150, esta misma evolución haría que las personas que no llegan a ingerir 1.900 calorías al día pueden pasar entre los años 1996 y 2015 del 20,3% al 10,1% de la población mundial. Actualmente, aún suponen el 17%.

En la década de los 70, el número de hambrientos bajó en 37 millones de personas. En la de los 80, en unos 100 millones. En la segunda mitad de los 90, aumentó. "Aunque es casi natural considerar el periodo desde la Cumbre Mundial de la Alimentación como una década perdida, sería erróneo considerarlo así", puntualizó Diouf. Especialmente si se tienen en cuenta la evolución en algunas regiones. A lado del desastre del África subsahariana, el informe presentado ayer por la FAO destaca que China redujo su población hambrienta de 194 a 150 millones.