Muchos le llamaban "el próximo presidente" de Estados Unidos. No pudo ser. George Bush le ganó por los pelos y con malas artes. Entonces, Al Gore --vicepresidente en tiempos de Bill Clinton-- superó "el golpe" y dedicó su cerebro y su alma a levantar conciencias para salvar el planeta. El fruto de su trabajo es An Inconvenient Truth (Una verdad incómoda), un documental que deja muy claro que el cambio climático es "una amenaza más peligrosa que el terrorismo". Que se enteren los políticos de todo el mundo.

La película se ha convertido ya en el tercer documental más taquillero de la historia en EEUU, después de Fahrenheit 9/11 y El viaje del emperador. El próximo viernes se estrenará en España, sexto país al que llega. El Dominical de este diario ofrecerá una entrevista exclusiva con Al Gore.

Una verdad incómoda pone el dedo en la llaga al afirmar que el calentamiento del planeta tiene solución, pero "no hay voluntad política" para hacerlo. Sobre todo, en EEUU, uno de los dos países desarrollados que no ha ratificado el protocolo de Kioto, junto con Australia.

PARA INEXPERTOS Lo mejor de

Una verdad incómoda es que no hay que ser un especialista para entender la amenaza real que supone el calentamiento global. No hay que saber mucho de dióxido de carbono ni de emisiones ni de glaciares para entender que "o se hace algo o estalla la bomba de relojería". Por ejemplo, ¿alguien se imagina medio Manhattan inundado? Es lo que ocurriría si se derritiera Groenlandia, que ya está perdiendo hielo.

Lo de Manhattan es solo una hipótesis. Pero hay hechos ciertos. Y el documental también los muestra. Hay que ser muy ingenuo para pensar que fenómenos extremos, como el huracán Katrina, que hirió mortalmente al país más poderoso del mundo, son el castigo de un ser divino. "Esto ya no es un problema político --dice el exvicepresidente en la película--, sino ético".

LA VIDA PERSONAL El documental, dirigido por Davis Guggenheim, deja hueco a la vida personal de Al Gore. El accidente de tráfico que tuvo su hijo a los 6 años fue un punto y aparte en su vida. El niño estuvo durante semanas enganchando a una máquina para poder seguir con vida. Para Al Gore, la posibilidad de perder lo que más quería en el mundo le hizo caer en la cuenta de que su otro gran amor --la Tierra-- también corría riesgo de perderse. El niño salió adelante. Y el exvicepresidente de Estados Unidos comenzó su cruzada verde para salvar el planeta.

Gore no pronuncia en ningún momento el nombre de George W. Bush, aunque solo hace falta leer entre líneas para entender las críticas al actual inquilino de la Casa Blanca. "Los gobernantes sí son una energía renovable", dice para destacar que la solución al cambio climático está en manos de los ciudadanos.

Para salvar el planeta, la gente no solo puede cambiar de opción política y votar la más verde, sino que también puede coger la bici, reciclar, plantar un árbol y regular el termostato de la calefacción. El documental finaliza con estos ejemplos y con una canción que anima a levantarse: Wake up.