Cárceles con celdas abiertas, en las que reina el respeto, no hay peleas, ni robos ni la droga impone su ley, y en las que los presos participan en la gestión e incluso dan clases al resto de compañeros. ¿Una utopía? Pues no. Es una realidad en cinco cárceles que han implantado los denominados módulos de respeto, una forma de organizar la convivencia dentro de las prisiones que favorece la reinserción y que Instituciones Penitenciarias quiere extender a todas las prisiones donde tiene competencias.

Los módulos de respeto surgieron hace cinco años en el centro penitenciario de Mansilla de las Mulas, en León, cuando su equipo directivo se planteó implantar un sistema de organización que ayudara a acabar con la idea de que "los presos son personas que están encerradas y se pasan horas y horas sin hacer nada", según explica su director, José Manuel Cendón. En definitiva, querían aplicar hasta donde les fuera posible el espíritu de la ley orgánica penitenciaria, que establece que las cárceles tienen como fin primordial la reeducación y la reinserción social de los sentenciados.

LA CÁRCEL DE ZUERA, A PUNTO En el centro de Zuera, en Zaragoza, están a punto de comenzar y el objetivo, según la directora de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, es que antes de que finalice la legislatura "se sienten las bases" para que se extiendan al resto de prisiones. Lleva mucho tiempo ponerlos en marcha pero la directora espera que en el 2008 los responsables de todas las cárceles tengan al menos información para empezar a desarrollarlos.

Para lograr una correcta reinserción se ha creado un sistema en el que "las normas y el ambiente constituye el verdadero tratamiento", según Cendón. Empezaron la experiencia con un grupo de 15 internos y ahora hay cuatro módulos de respeto, con más de 400 internos y la intención es extenderlo a más unidades. Una de las características de estos módulos es que no están estructurados según el historial de los presos, como en otras prisiones, sino que en ellas conviven presos preventivos con otros con un largo currículo delictivo. Entre ellos, incluso, hay asesinos en serie.

La estancia en ellos es voluntaria para los presos. Tiene sus contrapartidas, porque las normas son muy estrictas, pero el resultado es que la calidad de vida es mucho más alta que en otros módulos, según los educadores y los internos. Por ejemplo, las celdas están todo el día abiertas, no hay robos, ni discusiones y la limpieza se nota en cualquier rincón. Además, fomentan la participación de los presos, de forma que estos, en pequeños grupos, intentan resolver los problemas, encarrilar a los rebeldes y proponer actividades que les interesan.

Los resultados de esta forma de organización son visibles para los reclusos, que consiguen salir antes de la cárcel ya que al tener buen historial acceden antes al tercer grado, y para los funcionarios, que no tienen que hacer frente a conflictos diarios. De hecho, estos módulos son mucho más económicos que los convencionales ya que requieren menos personal de vigilancia y educadores y el material dura mucho más. Gallizo destaca que esta forma de organización ha significado un cambio "profundo en la mentalidad de los presos y los funcionarios".

"CONVIVENCIA Y RESPONSABILIDAD" Gallizo, impulsora de los cursos formativos dentro de las cárceles, destaca que en estas unidades se aprenden "valores como la convivencia, la responsabilidad y el respeto a uno mismo y a las normas, algo que empieza por mantener la higiene", que no se aprenden en la enseñanza reglada. Actualmente, se han implantado módulos similares a los de León en cuatro cárceles más, dos de ellas en Galicia, una en Alicante y otra en Granada.