"Tapen el maldito agujero ya". Fue Barack Obama quien deslizó el comentario en una conversación privada en mayo, pero tres meses después del inicio del derrame en el Golfo de México seguramente refleje el sentir mayoritario de la petrolera British Petroleum (BP), sus accionistas, los funcionarios de la Casa Blanca y, sobre todo, de los afectados por el peor desastre ecológico de la historia de EEUU.

Mientras aún está por ver si la campana de contención funciona --la Casa Blanca es partidaria de reabrirla porque cree que la escasa presión puede significar que el petróleo está buscando o ha encontrado otras vías para salir a la superficie-- los directivos de BP quieren probar ahora una técnica que ya probaron en mayo sin éxito: el top kill, o tapar con toneladas de lodo pesado la boca del pozo averiado para frenar la fuga.

¿Por qué puede funcionar ahora? La diferencia es que ahora cuenta con la campana de contención y los expertos creen que las probabilidades de éxito son mayores ya que permitirá hacer la operación a baja presión y a menor velocidad. BP está estudiando su viabilidad y tomará una decisión en las próximas 48 horas.

CAMPAÑA CONTRA REPSOL Su vicepresidente, Ken Wells, dijo ayer que si funciona podrán sellar el pozo antes de lo previsto. De esta forma no tendrían que esperar hasta agosto para que esté listo el pozo alternativo, que sigue siendo la principal apuesta del Gobierno. En todo caso el portavoz de BP subrayó que continuará su construcción.

El desastre ecológico de BP es seguido con especial preocupación en la costa del Golfo y cada vez que se mencionan nuevos proyectos petrolíferos suenan las alarmas en los despachos de algunos políticos. Así ha ocurrido con los planes de Repsol YPF de iniciar la búsqueda de crudo en aguas cubanas del Golfo: un senador de Florida lleva semanas haciendo campaña para que la Casa Blanca apriete las tuercas a La Habana. Se trata del demócrata Bill Nelson, que ha pedido por carta a Barack Obama que "prohíba al régimen (cubano) iniciar perforaciones" alegando que el proyecto podría poner en peligros las costas de Florida en caso de derrame. Preguntado al respecto un portavoz del Departamento de Estado pidió a Repsol extremar las medidas de seguridad e idear un plan de contingencia en caso de accidente.