El Tribunal Supremo de Estados Unidos tumbó ayer buena parte de las restricciones impuestas en Tejas a las clínicas abortistas, una serie de medidas que han propiciado el cierre de la mitad de las clínicas que existían en el estado desde que se aprobó la ley en el 2013. El fallo, adoptado con los votos a favor de cinco de los ocho magistrados de la corte, representa la mayor victoria en dos décadas para los defensores de los derechos reproductivos de las mujeres, unos derechos sometidos a un constante acoso en los estados donde gobiernan los republicanos. La sentencia tendrá repercusiones en otros estados que aplican restricciones semejantes.

La ley tejana fue aprobada en su día por el entonces gobernador Rick Perry con la intención expresa de hacer del aborto "una cosa del pasado", a pesar de que en EEUU es un derecho constitucional desde 1973, cuando el Supremo dictó la sentencia conocida como Wade vs Roe. La nueva legislación obligaba a las clínicas abortistas a cumplir con los mismos estándares que existen en las salas quirúrgicas de los hospitales, un requisito que solo cumplían cinco de las 42 que operaban por entonces en el estado. También obligaba a los médicos que trabajaban en ellas a tener "privilegios de acceso" a los hospitales, una condición difícil de cumplir porque algunos centros médicos se niegan a trabajar con médicos que realizan abortos. El Supremo considera que suponen un "obstáculo innecesario" para las clínicas que ayudan a las mujeres a abortar y son inconstitucionales. "Nosotros concluimos que ninguna de estas provisiones ofrece beneficios médicos suficientes para justificar la carga que cada una representa", según el juez Stephen Breyer. El voto del magistrado Anthony Kennedy fue decisivo para decantar la balanza en un tribunal dividido en líneas ideológicas y con una silla vacante desde el fallecimiento de Antonin Scalia. Kennedy tiende a ejercer de bisagra y esta vez se alineó con los progresistas.